Hacer la paz

A mis hijos les cuesta imaginar un mundo sin guerra. A decir verdad, ni siquiera
las distinguen. Cuando veían imágenes del Líbano en televisión se decían
entre ellos «mira, la guerra», como si no hubiera otros conflictos armados
en el planeta (más de 20 según la ONU, que hoy celebra el Día de la Paz),
como si todas las batallas cupieran en una. Y llevan algo de razón: detrás
de cada bombardeo, de cada «daño colateral», de cada acto terrorista, se
agazapa la misma violencia injustificada e injusta, el acto miserable de
creernos superiores por usar las armas de la intimidación y el terror. Eso
no puedo explicárselo a mis hijos, ni puedo usar conceptos como terrorismo
de estado, asesinatos selectivos o choque de civilizaciones. Pero sí lo entienden
en su versión más simple y cotidiana, cuando se pelean por un juguete y pasan
de la discusión a las manos, y hay que hacerles ver otras formas de resolver
el conflicto. No me parece exagerado decirles que esa violencia es la misma
que genera las guerras, y que quien pega hoy sin motivo mañana podrá matar
sin excusa, que la violencia siempre crea más violencia. «¿Llega entonces
la guerra a Huelva?», me preguntan. Y yo no sé muy bien que responder, porque
mientras haya tantas guerras en el mundo, somos todos un poco responsables.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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