Hacerse a Sí mismo

JUAN es uno de los 81.000 jóvenes estudiantes que se encuentran buscando empleo en España para poder acabar sus estudios. La subida de tasas y el empobrecimiento de las familias españolas han provocado, según un informe de Ranstad, que hoy el doble de estudiantes que en el año 2008 deban acuñar esa doble figura de estudiante y trabajador para continuar. Juan, además, tiene la fortuna de ser andaluz, donde la cifra de universitarios demandantes de empleo ha aumentado en más de un 70%. Ayer me sondeaba preocupado sobre dónde podría cazar un empleo estival; tres años de estudios podían írsele a la porra y me trasladaba su enfado al escuchar eso tan yanqui (“así te harás a ti mismo”).

Juan ha nacido en los años 90, es un hijo de la época democrática y de la contribución de ciudadanos como su padre y madre al sueño del Estado que garantiza los estudios de sus hijos hasta el final. La frase “hazte a ti mismo” esconde un mensaje individualista y profundamente neoliberal, un trozo de esa ideología estadounidense que puede enmascarar cualquier atropello. Aquí, en este país, queremos hacernos en comunidad, en ciudadanía, nuestro legado cultural así lo determina desde épocas inmemoriales. Si nuestro Juan debe hacerse a sí mismo, ¿qué estamos construyendo?

Juan debe enfrentarse a un modelo educativo que quiere imponer en Europa el logro personal, el esfuerzo individual, la capacidad particular, la diferenciación, y no como herramientas de crecimiento, sino como axiomas inmutables. Además de buscar empleo para poder pagar la matrícula, el mensaje complejo le exige ser el mejor sólo para tener futuro, para tener un empleo que le tranquilice.

Me traslada una y otra vez su disensión con esa ida de educación. Cree en el trabajo en equipo, en el grupo que palía sus limitaciones. Me dice, y no sin razón, que el mensaje gringo también ha calado en el campus: hay que hacerse uno solo.

Con Juan y sus enfados empiezo a fijarme en la enorme cantidad de mensajes individualistas que nos llegan y que esconden un bombardeo incesante de lo colectivo. Empujarnos hacia una lucha individual por las cosas nos termina convirtiendo en otro producto más dentro de la sociedad de consumo, y termina construyendo una sociedad en la que los objetivos del grupo quedan relegados a los objetivos personales. Debemos defendernos de ellos, contrarrestarlos pues cuando calan en el subconsciente colectivo cuesta mucho eliminarlos.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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