Hacerse preguntas

La acción del Sindicato Andaluz de Trabajadores en dos supermercados de Sevilla plantea muchos interrogantes. La primera pregunta es sencilla: ¿estás o no de acuerdo? Este periódico se la ha formulado a sus lectores y la división es llamativa: defensores y detractores se enfrentan casi matemáticamente. Si la consulta no admite matices los ciudadanos terminan emitiendo el sí o el no según su propia ideología. Y una respuesta en blanco y negro, en un asunto con tantas aristas, invita a buscar los grises y a hacerse todavía más preguntas.

Seguramente muchos, aunque estén de acuerdo con el fondo del gesto, desaprueban el método empleado. Llevan razón: el fin nunca justifica los medios, precisamente ese es (debería ser) uno de los principios que identifican a la verdadera izquierda. Curiosamente son los del PP los que con más contundencia han mantenido el argumento, pero éste se vuelve pronto contra la política económica del gobierno. Si de verdad se lo tomaran en serio podríamos preguntarles: ¿por un fin como rebajar el déficit se recurre a medios inmorales, privando de derechos constitucionales a tanta gente que se está viendo abocada al hambre, a la desesperación, a la falta de asistencia sanitaria o a quedarse sin vivienda?

Otros esgrimen razones legales. Llevarse carros cargados de alimentos básicos para entregarlos a gente necesitada va contra la ley, pero existen principios éticos por encima de esa ley. “En casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes”: no son palabras del alcalde de Marinaleda, ni siquiera de Carlos Marx, sino de un sabio del siglo XIII que atiende por Santo Tomás de Aquino, uno de los pilares del humanismo cristiano al que el PP dice tomar como referencia. Si encima recordamos el legítimo derecho a la desobediencia civil, la cosa se complica bastante. ¿Se puede aplicar una ética distinta según el caso? Y en paralelo: ¿se puede manejar la ley según convenga? Por ejemplo: para los pobres, todas las consecuencias legales sobre sus actos, para los ricos que defraudan a Hacienda, darles facilidades para seguirse enriqueciendo…

Sánchez Gordillo y los suyos han hecho algo más que visibilizar una situación de emergencia con un gesto provocativo: han puesto contra las cuerdas los principios morales de todo el sistema. Se ha advertido del “riesgo de estas prácticas”, y es cierto, pero sobre todo porque obligan a caminar por el filo, no sólo de la legalidad sino de los derechos y libertades de la sociedad entera. Muchos economistas arguyen que la ética es un factor económico aunque hasta ahora no se le haya hecho ningún caso. ¿La salida de la crisis implica pues un cambio de valores? Para tratar de entender una realidad tan sangrante como la que vivimos hay que seguir haciéndose preguntas.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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