Hagan juego

traga-ruedaHace muy poco la inmensa mayoría de los habitantes de este país nos hemos gastado una pequeña fortuna en comprar Lotería. Más de 8,000 millones, de los cuales el 40% se los ha quedado el Estado. Luego está el sorteo de la ONCE, las máquinas tragaperras, los casinos, el pocker. O la machacona invitación a hacer apuestas deportivas, confundida desde hace tiempo con la información deportiva. El caso es que jugamos, y mucho. El 80% de la población juega a algo, es una conducta bastante normalizada, aceptada, que no entiende de clases sociales, de géneros, ni casi de edades. Nos parece lo más normal jugarnos dinero en juegos en los que, matemáticamente, estamos condenados a perder. Como si no terminásemos de creernos eso de que “la banca siempre gana”.

Con tanta gente jugando a tantos juegos distintos resulta complicado encontrar una razón, una explicación más o menos aceptable. Pero es curioso ver como gente que pone el grito en el cielo por tener que pagar el IVA, o por lo que le retienen de su nómina, o por el precio del pan, se presten luego a pagar, vía Juegos del Estado, un impuesto tan desorbitado. Sin decir ni mu. U observar como personas con dificultades económicas ni se plantean dejar de comprar el cupón que, improbablemente, los sacará de pobres.

Y no hablamos de los trastornos relacionados con el juego: eso sólo afecta a menos de un 0,4% de la población. Y ya hemos dicho que el 80% de la población juega. O sea: todos jugamos. De tal manera que ni siquiera nos planteamos que haya que poner algún “remedio” a esto. Aunque no estoy muy seguro de que estos datos deban dejarnos tranquilos. Que una cosa esté aceptada no es sinónimo de que sea razonable. Iba a usar los toros para explicarme, pero una pava también me sirve. ¿No hace daño? Bueno, podríamos discutirlo también.

En cualquier caso: dedicarnos de una manera tan masiva a perder conscientemente dinero (porque esa es la definición de los juegos de azar) dice poco de nosotros como sociedad. Claro que nadie se va a poner a corregir este comportamiento: el Estado porque es una forma increíblemente sencilla de recaudar; el resto de proveedores de juegos porque es un negocio redondo; los ciudadanos porque nos va el rollo, es una especie de droga blanda y barata. Así que este artículo no conduce a nada, no tiene más sentido que el de poner por delante alguna de las perplejidades en las que estamos instalados. Hagan juego, señores y señoras, hagan juego y que la ruleta no se detenga.

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Gonzalo Revilla

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