Haití, otra vez

ayuda-humanitaria-haiti-kiyc-620x349abcEsta fotografía de soldados americanos portando ayuda humanitaria a Puerto Príncipe me llamó la atención. Primero pensé: ya están estos yankis y su ejército alardeando de “lo buenos” que son y lo bien que hacen las cosas, después me fijé en la leyenda de las cajas que portaban: “ayuda del pueblo americano”. Ya se que esa es la misma leyenda que aparece en las bombas que el ejército americano anda tirando por ahí en búsqueda de petroleo, pero no deja de ser llamativa la conciencia de pueblo que tienen en aquel país y lo dueños que se sienten de sus instituciones. No es el ejército el que lleva la ayuda humanitaria, es el pueblo americano.

Aquí seríamos incapaces de eso: si las cámaras de medio mundo están pendientes de una catástrofe podemos mandar a nuestro ejército, nuestros bomberos o nuestra agencia de cooperación y lo que pondrá en las cajas que porten es: “ayuda de Mariscos Luisma”, que es quien dona la caja de pescado. Que se sepa. Estirándonos un poquito, Luisma renunciará a la publicidad y entonces lo que aparecerá es “ayuda del Ejército español”, que también necesita un poquito de publicidad. Porque aquí el dueño de las instituciones no es el pueblo sino el tipo que ponemos al frente y ese es el que determina si en la foto sale Luisma, el ejército o su propio nombre. Evidentemente, es también el que determina quién se lleva los beneficios pero no quiero yo hoy hablar de gúrteles, eres y demás tramas.

De ayuda humanitaria, hoy quiero hablarles de ayuda humanitaria. De las preguntas que surgen tras el paso del huracán Matthew por Haití: volvemos a llevar cajas de ayuda humanitaria al país más pobre de América y nos preguntamos si sirvió de algo todo lo que se envió años atrás, si este actuar a golpe de catástrofes sirve para algo más que un paliativo de un problema que no queremos resolver, si queremos asumir el coste de un modelo que acabe con las desigualdades, si queremos poner freno al cambio climático que hace que cada vez sean más frecuentes estas catástrofes, si se parará de levantar muros cada vez más grandes para que los que huyen de estas situaciones no se conviertan en nuestros vecinos…

O si la situación la vivimos bien: las oenegés hacen caja, la prensa tiene noticias que dar, el ejército lava su imagen y nosotros nuestra conciencia cuando damos un donativo. Mientras todo sigue igual. Nosotros en nuestra cómoda posición, Haití, como siempre, en la miseria.

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Javier Rodríguez

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