Hermana Blanca

La gente ruidosa suele estar en boca de todos. Para mal o para bien. Y la Hermana Blanca es la antítesis del ruido. Así que es muy posible que ustedes no hayan tenido la fortuna de conocerla. Si son de los que sí han tenido esa suerte sabrán que me quedaré corto.

La Hermana Blanca es la imagen del respeto, del escrupuloso cuidado de la relación con el que tiene en frente.

La Hermana Blanca es, también, la imagen de una Iglesia que no sale en los periódicos, no sabemos si por su condición de mujer, si porque vende más mostrar obispos enfadados que buena gente de “a pie” o porque alguien como ella no hace las cosas por llevarse un minuto de gloria o de agradecimiento.

Tal vez no salga en los periódicos porque ella se dedica en cuerpo y alma a gente que tampoco interesan mucho y que no tienen la posibilidad de devolverles el favor.

La Hermana Blanca llegó a la Comunidad de las Franciscanas Misioneras de Huelva hace ya casi diez años y desde entonces ha estado acompañando mujeres presas, personas enfermas… de manera infatigable, superando barreras como la de la enfermedad sin apenas quejarse, con una paciencia infinita, con una honestidad a prueba de todo.
De ello, mejor que yo, podrían dar testimonio muchas de esas personas con las que ella ha paseado, aguardado en la cola del INEM o del médico. Sin avasallar, sin atosigar con consejos que no sirven, sabiendo esperar y sabiendo acomodar su ritmo al de la persona que está acompañando -no obligando a que ésta ande al ritmo que a ella le hubiera interesado-.

La Hermana Blanca, en ese acompañar, provocaba cierta incomodidad a los que, instalados en la rutina de nuestro trabajo preferimos no mirar de cara los problemas que sufren las personas excluidas, preferimos, tal vez, no levantarnos de nuestra cómoda silla o preferimos no comernos el tarro con tanto problema.

Pero para ella dan igual las excusas que busquemos o las razones que podemos tener, si ella sabe que la persona que tiene al lado necesita el papel que tenemos que sellar, la prueba médica que tenemos que solicitar o el acceso al recurso del que tenemos la llave, insiste con dulzura y perseverancia. Y esa denuncia es la que nos provoca incomodidad. Porque, en el fondo, sabemos que si todos pusiéramos el empeño de ella en facilitar las cosas, otro gallo nos cantaría.

En los tiempos que corren, por encima de todo, necesitamos recuperar la confianza, no en los mercados, en la política o en la justicia, si no en las personas. Y Blanca nos ayuda a eso.

Ese es su gesto de rebeldía ante el pesimismo y la desconfianza instalados en nuestra sociedad.
Ahora tendrán la posibilidad de disfrutar de Blanca la gente de Burgos. Que lo hagan. Y que a ella le vaya bien. Es lo menos que podemos pedir. Muchas gracias, Blanca.

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Javier Rodríguez

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1 Response

  1. mamubar6@gmail.com' manuel muñoz barrios dice:

    Conozco a la hermana Blanca y como la muestras, es como es, nada mejor se puede decir, también estoy de acuerdo en que la solución a los distintos problemas es creer en el hombre, en el que camina a tu lado y el que está en la acera de enfrente, solo sacando los valores de cada uno y de todos podemos caminar en la dirección correcta

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