Héroes cotidianos

Vivimos unos tiempos en los que la diferencia entre la realidad y la ficción es cada vez más difusa, lo cotidiano se confunde con lo extraordinario y, sobre todo, nos hemos acostumbrado al espectáculo, cuanto más visual e impactante, mejor. La muerte en Londres del español Ignacio Echeverría, al tratar de defender a una mujer del ataque de un terrorista islamista, ha conseguido colmar esos objetivos del espectáculo mediático: una historia de valentía, muchos días de espera e incertidumbre, y un desenlace trágico. Todo lo que una gran cadena televisiva necesita para colmar sus mañanas.

 

En plena angustia por la falta de información, recuerdo una entrevista que le hacen al padre de Ignacio, con preguntas del tipo: ¿de qué hablaron el día antes? ¿Tenía miedo su hijo? Hasta que el hombre, harto por la pérdida de tiempo y la exposición, zanjó la entrevista colgando el teléfono. ¿De qué habla un padre con un hijo que está en Londres? De lo más básico e íntimo, de banalidades. La gente no habla de terrorismo, ni de miedo, ni de Islam. Las personas viven y ya está, y en ese vivir a veces te encuentras con situaciones que ponen a prueba tu valía y punto. Lo más maravilloso que tiene el ser humano es que puede vivir y seguir en cualquier circunstancia, por muy adversa que sea. Por eso me repele el encumbramiento al santoral de los héroes, de los caídos en acto de servicio, porque eso genera una distancia que nos aleja de poder utilizar las capacidades y valores que todos tenemos. Da igual lo grande o pequeño que hagamos, la heroicidad no tiene forma de respuesta a lo Steven Seagal.

 

Hay héroes que no aceptan los extremismos, que no se dejan llevar por los prejuicios, que cortan cadenas de whatsapp que fomentan el odio al diferente, que se ríe y comparte su vida con los demás, que está pendiente de consolar el dolor ajeno, que va donde nadie quiere ir, que tiene esperanza en que la Tierra, a pesar de todo, es hoy un lugar mejor, en definitiva, que honra a la vida haciendo precisamente eso: vivir, sintiéndose un Todo en su aportación a los demás.

 

No todos tienen la capacidad de entrar en el cuerpo a cuerpo, eso sólo es el arrebato de unos pocos. Lo que sí podemos hacer todos es ser héroes de lo cotidiano, de lo anónimo, de lo escondido, de quien no se deja llevar por el miedo y reconoce en el otro a su hermano, venga de donde venga, sea cual sea su religión, raza o cultura.

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Victor Rodríguez

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