Hipocresía y Derechos Universales

CREO que ahora es un buen momento para reflexionar, ahora que aún tenemos calentita la manifestación que este fin de semana se ha celebrado en Francia para reivindicar el derecho democrático de la libertad de expresión tan bien recogido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Una manifestación a la que no han querido faltar los líderes mundiales y altos cargos de muchos países. Y es un buen momento, por qué de pronto este derecho universal de libertad de expresión es una prioridad puntual tan acuciante para nuestros mandatarios, cuando en sus labores de rutina sin embargo, hay otros derechos que relativizan y menosprecian sin ningún remordimiento, como el derecho que toda persona tiene a la igualdad de oportunidades, a buscar asilo o a salir de su país.

Un informe de la ONU hecho público hace un mes anunciaba que en 2014, el número de personas que habían intentado atravesar distintos mares por razones de asilo o de inmigración fue de 348.000. El destino de la mayoría de estas personas que se atreven a jugarse la vida en el mar es la ilegalidad, la deportación o el encarcelamiento en un centro de extranjería, y una de estas opciones es lo positivo porque la cuarta es la muerte. Por otro lado, justo un día después de los atentados en París, de nuevo la ONU publicaba otro informe donde denunciaba los enfrentamientos armados que desde hace dos años se está produciendo en la República Centroafricana. Un enfrentamiento que empezó como un episodio más de lucha por el poder y que ha tornado en un combate de bandos religiosos fundamentalistas y en una limpieza étnica de la población musulmana.

En principio parece que este artículo está escrito sin una relación clara entre los temas, pero escribo con la firme convicción de que todo lo que nos pasa está relacionado, y no somos capaces de verlo hasta que nos explota en la cara: Francia, el antiguo poder colonial de la República Centroafricana que durante décadas ha sostenido a varios dictadores y que ha expoliado hasta la extenuación los bienes de sus tierras, Francia el país que expulsa sin miramiento a los inmigrantes e impide la igualdad de oportunidades a los que consiguen quedarse. Francia, la cuna del derecho a la libertad, a la igualdad y a la justicia, ha sido atentada donde más le duele, en su hipocresía; y sus víctimas, da igual el continente o sus creencias, son siempre personas.

Los derechos que proclamamos universales, universalmente hay que defenderlos y así no habrá fundamentalismo que pueda con esa libertad de pronto tan oportunistamente enarbolada.

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Carmen Murillo

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