Historias mínimas: Alberto

Abrazó a su mujer. Ambos lloraban. Sentados frente a la trabajadora social, estaban pasando el peor trago de sus vidas. Pero no habían encontrado, por más vueltas que le dieron, otra opción mejor. Sin trabajo, sin ahorros, sin formación, sin futuro, atrapados por las deudas… Aquel hijo tan deseado se convirtió en una montaña de miedos y dificultades, un abismo que no eran capaces de afrontar. Todo eso es lo que trataban de explicar a la trabajadora social, que se esforzaba en poner algo de cordura en todo aquello. Cuando agotaron sus explicaciones, Alberto dejó a su bebé sobre la mesa, agarró a su mujer de la mano y salieron llorando del ayuntamiento.

Con su dolor a cuestas cruzaron la calle y en una esquina se sintieron desorientados, indefensos, vacíos… El paso ya estaba dado. La crisis se había cebado con ellos que nada tenían antes y que ahora lo habían perdido todo: las ilusiones, los sueños, el futuro… Y no querían que su hijo estuviera igual que ellos, por eso habían decidido dejarlo en un centro de acogida, para que pudiera vivir la vida que a ellos les había sido negada. Mientras tanto los bancos recibían dinero público, los políticos sobresueldos y los de siempre tenían su dinero en paraísos fiscales. Ellos, Alberto y su mujer, ya no tenían ni esperanzas. Su esperanza se reducía al banco de alguna plaza, a la puerta de alguna iglesia, a la caridad arrepentida de algún transeúnte. En aquella esquina lloraron amargamente, se abrazaron en silencio y emprendieron su largo viaje hacia la nada, conscientes de que sólo eran un número más en la estadística de la pobreza en nuestro país.

Sólo eran una historia mínima, alejada de los focos y de los ruidos, de la lucha mediática, alejada de la política, de la falsa economía, de las leyes… Una historia mínima, pero no única. A lo largo de este mes de agosto, esta columna va a sacar a la luz estas historias de estos seres anónimos, golpeados por la injusticia, por la pobreza, por la vida. Seres anónimos con derechos y dignidad, que construyen, que laboran, que piensan y que sueñan, a los que se ha negado el pan y al sal. Seres anónimos que están pagando el despropósito de un sistema cada vez más alejado de las personas, que sólo sabe de tantos por ciento. Seres que están a nuestro alrededor y nos piden ayuda.

The following two tabs change content below.

Dimas Haba

Latest posts by Dimas Haba (see all)

You may also like...

1 Response

  1. alfonsocuesta@hotmail.es' Alfonso Cuesta Roldan dice:

    Roba, pero no abandones a tu hijo.

Deja un comentario