Historias mínimas: Lidia

Estaba ordenando su pequeño escritorio. Encontró unas pegatinas de la campaña contra el Oleoducto que iba a cruzar medio país hasta una nueva Refinería en Extremadura. Al final el proyecto se truncó, aunque era consciente de que el único logro de dicha campaña había sido ralentizar la puesta en marcha, hasta que la crisis dio el carpetazo al ambicioso proyecto. Miró aquella pegatina con cierta inquietud, porque le parecía una metáfora muy oportuna de su compromiso ambiental: mucho trabajo, pocos logros; muchos frentes abiertos, demasiadas batallas perdidas. El medio ambiente, como tantas otras cuestiones, había pasado a segundo plano, como si protegerlo fuera una frivolidad que no podemos permitirnos en tiempos de crisis.

Que lo del cambio climático era mentira, decían siempre, que lo de la contaminación visual era cosa de verdes mariquitas, había escuchado alguna vez y ella no hacía más que preguntarse cuándo fue que cambio el orden de las cosas, hasta parecer de lógica preferir cruzar medio país con un oleoducto a buscar otras alternativas nuevas y más eco-conscientes para el desarrollo de la provincia. Porque solo hacía falta analizar las repercusiones de este tipo de empresas en otros lugares para ver que los beneficios económicos fueron en detrimento de la salud y la pobreza medio ambiental del entorno. Pero a los de arriba les da siempre igual la gente y a los de abajo a veces les cuesta entender que el trabajo a costa de vida y salud no es digno. Cuantas veces se había tenido que enfrentar ella a algunos ciudadanos enfurecidos porque según ellos “con esta ideología verde de mierda” lo que se conseguía era frenar la posibilidad de crecimiento y desarrollo de la zona.

Desarrollo. No podía evitar pensar en esa palabra y salirle una sonrisa irónica. En pos del desarrollo su comarca acogía un vertedero de residuos tóxicos, grandes toneladas de fosfoyesos y mantenían abiertas fábricas de alta carga contaminante. Por supuesto, sin olvidar preferente en las listas de enfermedades como leucemia, alergias, asmas y cierto canceres de toda Europa.

Estaba claro, hacía falta hacer un trabajo intenso de conciencia ciudadana, había que ir más allá que enseñar a usar los contenedores de reciclaje. Se hacía urgente un forzarnos a abrir los ojos, pero sin embargo cuando ellos “los verdes” conseguían que se cumpliese la ley en materia de medio ambiente, normalmente les tocaba cargar con la rabia de parte de la ciudadanía.

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Carmen Murillo

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