Historias mínimas: Luisa

Miró antes de sacar el carro, por si el encargado andaba cerca. Se suponía que había que desgarrar todos los envases, golpear los lácteos, deteriorar, en definitiva, los alimentos que iba a tirar al contenedor. Pero ella sabía que varias personas andaban cerca del supermercado, pendientes de la salida de aquel carro, dispuestos a rebuscar en el contenedor para llevarse algo de comida a casa, alimentos en perfecto estado, aunque pasados de fecha, o con alguna pequeña tara. Por eso Luisa procuraba dejar las bolsas a mano, no mezclarlas con otros residuos. Cuando poco más tarde los veía a través de la cristalera con medio cuerpo dentro de los contenedores algo se le rompía por dentro: en ese momento era consciente de la tremenda injusticia que imperaba en la sociedad.

Luisa procedía de una familia militante y bastante radical que llevaba toda la vida justificando la agresividad al sistema, y pese a que la querían y la apoyaban en todo, era inevitable que en los momentos de debates familiares al surgir estos temas se caldease el ambiente. En esos momentos Luisa no podía evitar sentirse responsable y por eso cada vez que veía a la gente llevarse las bolsas que ella había salvado, en vez de sentirse bien, cada día su ansiedad e insatisfacción crecían, hasta producirle insomnio y algún que otro problema de salud.

¿Qué podía hacer ella? Se preguntaba una y otra vez. Ella que después de una doble titulación y un máster, había sentido tanto alivio cuando después de un año de búsqueda de empleo frustrado, por fin la llamaron para trabajar. No le daba miedo jugársela al no seguir las ordenes de invalidar los productos antes de echarlos al contenedor, pero de ahí a encararse… Sabía que solo serviría para que la echasen, y aunque su conciencia quedase más tranquila el problema seguiría existiendo y su trabajo y amargura serían heredados por la persona que entrase a sustituirla. Después de darle muchas vueltas tenía claro que si se arriesgaba tenía que ser por algo que realmente pudiese llegar a generar el principio del cambio, ella buscaba algo más que una conciencia tranquila, ella quería albergar una conciencia revolucionaria.

Y un día le vino la luz, puestos a jugársela, ¿por qué no intentar llevar estos casos ante los tribunales? No había que perder tiempo, era mucho lo que estaba en juego. Sabía que era surrealista pero, ¿por qué no? No era posible que en sociedades tan avanzadas todavía fuese legítimo jugar con el hambre de las víctimas de este sistema.

The following two tabs change content below.

Carmen Murillo

Latest posts by Carmen Murillo (see all)

You may also like...

Deja un comentario