Historias mínimas: Teresa

Cuando llegó el autocar al sitio convenido ya sabía lo que le esperaba, una larga jornada en el pequeño habitáculo hasta llegar a Francia, además el aire acondicionado no daba abasto para tanto cuerpo sudoroso, ya que iba completo. En el cristal delantero había un cartel que les delataba; nada de turismo, nada de playa, nada de ir a ver el partido de un equipo de fútbol: “autocares directos para emigrantes temporeros a Francia”. La verdad es que no le hacía mucha gracia lo del cartelito, porque sabía que era la excusa para que la gente los tratara como de segunda. No los de su pueblo, que ya sabían de sobra lo que era irse de Andalucía para ganarse un jornal digno, sino todos esos coches de la operación salida y llegada de vacaciones, e incluso los de las áreas de servicio que ponían las botellas de agua a 3 euros y en ocasiones ni siquiera les dejaban usar el servicio.

Pero era lo que había; con un niño pequeño y en paro, los días que estuvieran en Francia su marido y ella ayudarían para estirar la economía familiar al menos una buena temporada, de hecho no había comparación con lo que pagaban en la aceituna o la fresa. A cambio le esperaban días duros, siempre con la sensación de estar pegajosa, sucia, de no tener intimidad, y de saber que contaría no como mujer trabajadora, sino exclusivamente por lo que pudiera producir. Lo demás -sus sueños, su hijo, las oportunidades que tanto escaseaban en su pueblo natal…-, no importaba, y si no le interesaba, ya sabía que otro cogería su puesto.

Durante las largas horas del viaje, sin más que hacer que mirar por la ventanilla, se abstraía en sus pensamientos y recordaba que de Rumanía llegaban autocares a recoger la fresa en Huelva, ¡pobres!, esas tienen cuatro días de viaje, incluso a una le dio una trombosis por estar tantas horas sentadas, el síndrome de la clase turista había escuchado que se llamaba, y que estarían a merced de sus patrones, viviendo en módulos prefabricados, y cobrando muchísimo menos de lo que cobraría ella.
Además, se preguntaba ¿por qué sólo van muchachas jóvenes y bonitas? Siempre hay gente que está peor, debo de ser afortunada, se consoló, al menos estoy con mi marido, y el alojamiento no es nada del otro mundo, pero está limpio y tiene lo indispensable. Le costaba comprender por qué tanta diferencia, por qué tanta desigualdad… Pero esas son cosas de políticos y yo ahí me pierdo, yo sólo sé trabajar.

The following two tabs change content below.

Victor Rodríguez

Latest posts by Victor Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario