Huelva, cosmopolita

Ser onubense, de la capital o de la costa, empieza a ser signo de multiculturalidad a la luz de un reciente estudio en el que señalan que el número de inmigrantes se ha multiplicado por cuatro, en tan solo cinco años. Aunque los números no dejan lugar a dudas, las luces y las sombras se entretejen al realizar cualquier balance. Es cierto que la llegada de estas personas ha supuesto una ayuda determinante para el despegue del sector agrícola y, por ello, han sido tolerados o apreciados (según los casos). Pero también podemos afirmar que la atención recibida ha dejado mucho que desear; es más, en bastantes ocasiones el trato ha sido inhumano: recordemos tantos asentamientos espontáneos en condiciones penosas y filas eternas reclamando papeles o alimentos. Con todo, no se ha dado hasta ahora una conflictividad intercultural preocupante.

Pero se inicia una nueva etapa, más compleja si cabe, en la que deberíamos sentar y propiciar bases de convivencia con los muchos que se quedan. La interculturalidad requiere algo más que la mera tolerancia con el que todavía no rozas en lo cotidiano. Pronto comprenderemos que los sujetos de la integración no son sólo los inmigrantes sino que es tarea de la misma sociedad onubense que los acoge. ¿Estaremos, entonces, a la altura?

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Dos Orillas

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