Ilusión 366

Es posible construir otro mundo

Esta habrá sido la mañana de la ilusión en muchos lugares del mundo, una mañana en que los ojos asombrados de los niños asumen el protagonismo. Y cerramos, con esta especie sobredosis de ilusión, estas fechas de navidad. Ahora toca la vida, lo de la rutina y todo eso, el despertador, el esfuerzo, la búsqueda… Nada que ver lo uno con lo otros ¿o sí? Quiero decir que deberíamos arrastrar esa ilusión, esos ojos asombrados, esas montañas de buenos propósitos, y repartirlos entre estos 366 días que tenemos por delante.

Las noticias de estos días nos han puesto delante de las narices los grandes retos que tenemos como sociedad: un chiquito que muere en el mar, dos mujeres muertas a manos de sus parejas, la amenaza de elecciones generales y catalanas, las tensiones en el mundo islámico… va a ser un año intenso, sin duda, y ya deberíamos tenerlo claro: no habrá soluciones sin la implicación de los ciudadanos, no habrá paz, no habrá igualdad entre géneros, no habrá aire respirable, no habrá acogida, no habrá nada de eso, si no somos capaces de ponernos manos a la obra, todas y cada una de nosotras.

La política y los políticos no son la solución, son un cauce, una herramienta para gestionar la sociedad. Pero hemos de decidir qué mundo queremos habitar, cómo queremos amueblar este planeta nuestro, qué patrones de comportamiento vamos a incentiva y cuáles vamos a censurar. Tengo la sensación de que andamos algo flojos de ilusión, y más aún de ganas de participar activamente en la gestión del día a día, preferimos que otras se encarguen, que otras decidan, y nos reservamos, en todo caso, la crítica y el pataleo.

Alarguemos pues la ilusión de esta mañana al resto del año, usemos esa energía que despliegan los niños, esa inocencia, esa capacidad de asombro, para hilvanar todo este año 2016. Los retos, como he dicho antes, son enormes. Y de cómo les demos respuesta a cada uno de ellos dependerá la sociedad en la que vamos a vivir: una sociedad de acogida o una egoísta, una sociedad igualitaria o una machista, una sociedad en guerra o una que viva en paz, una sociedad sucia e insana o una equilibrada y amable.

Una cosa más: esa inocencia de la que hablaba no es sinónimo de ingenuidad. Los retos son enormes, precisamente porque los que quieren impedir que las cosas cambien tienen mucho poder, y no van a facilitar las cosas. La inocencia, entonces, es esa capacidad de saber que, por difícil que parezca, las cosas pueden cambiar a mejor. Pues lo dicho: manos a la ilusión.

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Gonzalo Revilla

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