Impuestos e iglesia

Cada vez que toca hacer la Declaración de la renta me planteo si marcar la
casilla del único destino de mis impuestos que me está permitido elegir.
Pero la decisión no es fácil. Porque si elijo asignarle ese 0,52% de mis
tributos a la Iglesia católica, estoy contribuyendo a mantener un privilegio
injusto. Y si decido que no, le estoy restando apoyo a organizaciones como
Cáritas, que merecen toda mi confianza y que tienen un fin social. Antes era
todavía peor, porque la asignación a la Iglesia era incompatible con la de
fines sociales, que ahora queda en la casilla de al lado (habrá que creer a
Hacienda cuando dice que son independientes). Confieso que para mí, como
creyente, es un fastidioso dilema. La disyuntiva se resolvería si la Iglesia
se planteara de una vez ese objetivo de la autofinanciación, al que ya se
comprometió en los acuerdos del Estado con la Santa Sede de 1979. De paso
podría también renunciar a las prerrogativas en materia de impuestos de que
aún goza, como la exención del iva, más que nada para predicar con el
ejemplo cuando se hable de cumplir con las obligaciones fiscales. En fin,
que si la Iglesia, además de tener sus cuentas claras, las tuviera sin
privilegios, ganaría en coherencia y compromiso lo que perdiera en recursos.
Y no sería mala inversión.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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