Impuestos indirectos

Por la ganga que compramos en el bazar de la esquina no sólo pagamos un euro, hay “impuestos indirectos” que no están incluidos. Los que se tienen que pagar para arreglar los desastres medioambientales que genera la industria que produce la ganga. Los que se tienen que pagar para financiar los gastos sanitarios que se ocasionan por los problemas de salud derivados directa o indirectamente por las factorías. Los que se tienen que pagar en forma de una cooperación internacional que pretende corregir los desajustes que provoca la forma en que funciona el comercio internacional. Los que se tienen que pagar para financiar pensiones, prestaciones, ayudas,…, a aquellos que tuvieron que abandonar su trabajo porque la fábrica donde trabajaban trasladó su producción a otras latitudes donde “los costes laborales eran más baratos”. Son gastos que también salen de nuestros bolsillos y son consecuencias que, en muchas ocasiones, nos afectan directamente. Por eso es importante que nos hagamos conscientes de las repercusiones que tienen nuestras compras y por eso se celebró ayer el día del comercio justo y el consumo responsable -desapercibidamente, tan lejos de la actualidad de la arena política electoral- porque la alternativa de mucho de lo que ocurre en el mundo está en nuestra cesta de la compra.

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Javier Rodríguez

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