Incautos

Sendas imágenes de sendas incautaciones me han servido de comienzo y final del día. En la primera el material del que se hacía cargo la policía era un tabal de naranjas que podría valorarse en veinte euros. En la segunda el material que mostraba la policía era una mesa llena de billetes por valor de un millón de euros y que se encontraron en el domicilio del socio del ex-presidente de la CEOE.

Hagamos una pequeña descripción y análisis de estas imágenes. Aventurémonos, incluso a hacer conjeturas.

Posiblemente las naranjas incautadas en la puerta del supermercado de mi barrio fueran apañadas esa misma mañana, por el mismo que intentaba venderlas, en una finca que no era de su propiedad y en la que no estaba autorizado a entrar.

El dinero que apareció en la casa de Ángel del Cabo procedería, seguramente, de alguno de sus múltiples negocios. Calderilla con la que moverse con la intención de que el fisco no supiera que estaba gestionando esos dineros, imaginamos nosotros e imagina el juez que lo ha encarcelado.

En el caso de las naranjas, la actuación policial ha sido inmediata, no ha hecho falta orden judicial ninguna, posiblemente una llamada del encargado del supermercado y los agentes se presentaron sobre la marcha, cual mozos de almacén cargaron el tabal y al coche (¿dónde irán ahora esas naranjas?).

En el caso del importante empresario han tenido que pasar más de dos años desde que se iniciara esta causa (tenía otras anteriores pero esas no vienen al caso), miles de denuncias de clientes que se sintieron estafados por Marsans, trabajadores despedidos sin contemplaciones… (y también nos preguntamos por el destino final de la suculenta cantidad de billetes).

El caco de las naranjas (vamos a suponer que eran robadas) tiene muchas posibilidades de pasar por prisión. De hecho las cárceles están llenas de gente como él que comete actos parecidos.

Díaz Ferrán ya está en prisión, pero eso resulta noticioso porque no es, ni de lejos, habitual que los poderosos pasen por la trena. Si se aplicara el principio de proporcionalidad que establece la ley tendría que estar como 100.000 años en prisión si comparamos el valor de las naranjas con el valor de lo robado por este señor, pero si nos atenemos a casos similares (Mario Conde, por ejemplo) no cumplirá ni 10.

Lo más irritante de todo esto es el doble rasero, pero no sólo el que utiliza la justicia, el doble rasero con el que miramos, por un lado a un señor al que muchísima gente respetaba y que se atrevía a pedir sacrificios desde su honorable posición, y por otro al chaval que vende naranjas afanadas en la calle, al que despreciamos desde el principio, del que desconfiamos y no esperamos nada bueno y al que negamos toda oportunidad.

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Javier Rodríguez

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