Indignación e identificación

Fue impredecible en su origen: a raíz de las manifestaciones convocadas el 15M en muchas localidades se montaron improvisadas acampadas en plazas significativas. Y en ellas se empezó a hacer un trabajo asambleario, grupos de discusión, comisiones, documentos, propuestas… Se trataba de canalizar la indignación de muchos ciudadanos de este país. Cuando pasaron las elecciones el foco informativo volvió a centrarse en las acampadas, pero ya con menos fuerza, aunque las protestas habían atravesado las fronteras (#spanishrevolution) y en varias capitales europeas estaban pendientes de lo que pasaba en Sol.

La movilización creció, y las reivindicaciones también, hasta el punto de poner en riesgo el movimiento: los listados de propuestas y exigencias se han expandido como las acampadas (en Sol andaban ya pidiendo la supresión de la fiestas taurinas, por ejemplo). No es que esas cuestiones no sean importantes: lo son, y mucho. Pero le quita fuerza a un movimiento cuya principal baza es la “identificación”.

En las manifestaciones del 15M se dio un fenómeno llamativo: mucha gente se iba sumando a la marcha cuando leían las consignas, cuando comprendían de qué se trataba. En Huelva se duplicó el número de personas en un trayecto de apenas tres kilómetros, y eso no suele darse en las manifestaciones. Pero la gente se “identificaba” con las demandas y se sumaba gustosa. Lo mismo que ha estado ocurriendo en la plaza en estos días, y que ha convertido las Asambleas en un curioso agora.

Sin embargo, a medida que se amplia el discurso y los grupos de trabajo, también se debilitan las asambleas. He leído algunos documentos con muchas propuestas: todas son importantes, y decisivas para construir otra sociedad nueva y mejor. Pero es complicado gestionar esas demandas desde una acampada improvisada, porque el desgaste es excesivo, y los tiempos juegan en contra. De hecho creo que la pasividad de las fuerzas de seguridad es fruto del convencimiento de que se desactivarán por sí mismas, y que una intervención posiblemente las alimente, cosa que no quieren de ninguna manera. Por eso es mejor esperar, hacer silencio informativo, sacar a los acampados de la agenda y esperar. Y eso están haciendo.

Uno de los logros evidentes de esta movilización es que los jóvenes han ocupado un espacio que les pertenecía, han comprendido (y han hecho comprender) que son actores sociales, protagonistas de su futuro, pero también del presente, y que nadie les va a regalar nada. Y en su indignación han arrastrado a muchos otros, un poco avergonzados por la pasividad con la que nos han recortado libertades y derechos sociales, con la excusa de la crisis financiera.

Lo que sería un desastre para el movimiento, y para el futuro sociopolítico de esta generación, es que la acampadas se diluyeran sin logros. Esto no es un juego, no es un ejercicio gratuito de campismo urbano: es un grito de indignación de una generación entera. Y debe atenderse debidamente.

A las administraciones, a los banqueros, a los políticos, a los sindicatos, y a cualquiera que tenga responsabilidades en la gestión de la sociedad: esperar sentados a que la indignación se agote es un inmenso y vergonzoso ejercicio de hipocresía y de egoísmo. Las cosas que se dicen desde los campamentos son fundamentales para un futuro digno, sostenible y de justicia.

A los acampados: la fuerza de la calle está en la gente. Si no se consigue mantener la “identificación” con la causa del resto de la sociedad, entonces lo que quedará será una interminable batalla tribal que agotará a unos y a otros, mientras los que deberían ser objetivos de la lucha se burlarán de la fragilidad del 15M.

He leído un documento [(#consensodeminimos)->http://deliriuminterspinas.wordpress.com/2011/05/25/consenso-de-minimos-15m/] que recoge los argumentos usados para lanzar la primera convocatoria, anda circulando por la red, y pretende evitar que la expansión juegue en contra de las acampadas. Son tres cuestiones. básicamente:
– La reforma de la ley electoral.
– Los avances hacía una democracia participativa
– La intolerancia frente a la corrupción y la transparencia gubernamental.

Estas cuestiones son suficientemente gruesas, y además generan “identificación” en mucha gente. Creo que bastan para mantener muy alto el listón del movimiento de protesta. Lo que hacen falta son acciones, gestos, golpes de efecto que subrayen, una y otra vez, estas cuestiones: caceroladas, marchas, boicots a los bancos… Y todo eso sumando, congregando cada vez a más gente. Es “tomar la calle” activamente, tomando la iniciativa.

Otra cuestión son las formas: en las plazas se está reinventando la política, se está asumiendo que la democracia se construye entre todos, participando, gestionando lo local y lo global. Si el 15M consigue montar una dinámica de trabajo en los barrios, en las asociaciones, que dé continuidad a los debates, que sea vinculante para los que gobiernan, que dinamice el tejido social, y que mantenga al mismo tiempo su ideario, su sueño, entonces posiblemente se hablará en los libros de historia de este momento.

En definitiva: habría que poner las prioridades en mantener a la gente cerca, y seguir sumando: para eso mejor acciones de calle y un listado de tres o cuatro puntos claves, con exigencias concretas. Y por otro lado generar alianzas e ir encontrando estructuras y espacios que permitan ampliar el debate, al margen de las acampadas, como continuidad, o complemento, o lo que queramos decirle…

Como siempre se ha dicho: esto es una carrera de fondo. No agotemos todas las fuerzas en los primeros metros.

¡El Domingo todos a la cacerolada!

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Gonzalo Revilla

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