Informe Cáritas

De todos es sabido que hablar de Cáritas suele generar en la ciudadanía que se sitúa al margen de lo religioso, dos sentimientos contradictorios. Suelen oírse quejas que cuestionan el hecho de que Cáritas reciba financiación del Estado, cuando ésta pertenece o se desarrolla dentro de una institución religiosa, sin embargo las mismas personas que se quejan de este hecho no pueden evitar admitir la gran labor social que esta entidad realiza. Y se mezcla un poco de todo, falta de información, falta de sentido común, incoherencias y herencias, radicalismos a favor y en contra de lo que Cáritas representa. Pero dentro de toda esta confusión y diversidad de opiniones hay algo que está muy claro y es que Cáritas supone el colchón del sufrimiento y la desesperación para cada vez más persona en nuestro estado español. Así lo muestra las Memorias del 2013 que se acaban de publicar, donde la identidad hace un ejercicio de transparencia y ofrece los datos más relevantes.

Las diferencias se siguen acrecentando, durante el 2013, más de dos millones y medios de personas han acudido a los servicios de Cáritas, la mitad son quienes acudieron a los servicios de acogida y atención primaria. A esto hay que sumarles otros dos millones y medio de personas atendidas en los países en vía de desarrollo. En cuanto a la financiación se han invertido 291 millones de euros, de los cuales el 75% son aportaciones privadas, aportaciones que no dejan de aumentar desde 2007, y un 25% proceden de fondos públicos. Con respecto al capital humano Cáritas admite que su labora ha sido posible gracias a la participación de los setenta y ocho mil voluntarios y los más de cuatro mil trabajadores remunerados que han desarrollado su labor en los siete mil centros existentes.

Aludiendo y dándole la vuelta a un pasaje del evangelio donde es el mismo Jesús quien proclama que a Dios hay que darle lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar, está claro que a la iglesia le corresponde revisarse a si misma y ver si Cáritas es lo que está llamada a ser, pero como sociedad civil nos toca reflexionar a todas y todos si podemos seguir permitiéndonos gobiernos y estructuras que agrandan las diferencias sociales y que utilizan la fe y el buen hacer de un colectivo para lavarse las manos y evadir responsabilidades. Otro tema que algún día también tendríamos que plantearnos es el sinsentido de que parte de la financiación destinada a la lucha contra la pobreza provenga de empresas privadas que se dedican a generar más desigualdad de la que combaten con sus donativos.

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Carmen Murillo

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