Inocentadas

Cuando éramos más jóvenes, había una tradición en la prensa española de dar noticias falsas y absurdas el día de los Santos Inocentes. Y así el periódico abría diciendo que el Recre había fichado a Maradona o que el alcalde de Huelva iría en las próximas municipales en las listas del PSOE o de Izquierda Unida. Bromas inocentes que todos esperábamos para descubrirlas y reírnos un rato. Hoy en día la prensa ya no recoge esas inocentadas, uno no sabe si por deontología profesional o porque la realidad es más ficticia que la propia ficción. Porque ¿qué dirían ustedes si este periódico hubiera dado una noticia que dijera, por ejemplo, que Aguas de Huelva sube las tarifas porque la población onubense ha gastado poca agua?

Y no digamos nada si el periódico hubiera dicho que los funcionarios españoles se quedan sin paga extra, o que los pensionistas tienen que pagar los medicamentos, o que ir en ambulancia al hospital nos cuesta dinero, o que se financian y se subvencionan los colegios religiosos que abogan por una educación segregada. Pero aún hay más: los bancos quiebran y el Estado les da dinero para que sigan funcionando, mientras ellos ejecutan desahucios; más de cinco millones de personas están en paro; la justicia, la sanidad, la enseñanza están movilizadas y protestando un día sí y otro también; el gobierno sufre dos huelgas generales en un año; el Rey pide perdón por irse a cazar elefantes y su yerno está siendo procesado por quedarse con dinero público; los Reyes Magos son de Huelva y en el portal no había ni mula ni buey … Seguramente nos reiríamos y celebraríamos en el bar con los amigos la imaginación de los periodistas.

Y sin embargo esto está pasando en nuestro país. Vivimos en una inocentada permanente en la que la gente sufre, enferma, se deprime, incluso algunos no aguantan más y se suicidan. Malos tiempos para la lírica. Cada vez hay más gente durmiendo en la calle, los bancos de alimentos no dan abasto para atender todas las peticiones, la pobreza ha aumentado y también la inseguridad de no saber qué va a pasar mañana. Al mismo tiempo y ésa es la paradójica injusticia, los ricos son más ricos, aumentan las ventas de artículos de lujo y las mesas de los “asesinos” están llenas del sufrimiento de los desahuciados llevados por esbirros en bandejas de plata. FELIZ NAVIDAD.

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Dimas Haba

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