Intifada

Se acaba de cumintifadaplir la fecha en la que Marty Mcfly a bordo de su Delorean llegaba al “futuro”, en la segunda parte de la mítica película Regreso al Futuro. En los últimos días ha habido una cascada de análisis sobre los aciertos y desfases de las proyecciones que, en 1985, se hacían sobre el futuro de la humanidad y que la película tan bien reflejaba. En muchos aspectos el desarrollo ha sido apabullante, en otros no hemos llegado a tanto, y luego hay otros temas que siguen prácticamente igual que hace treinta años. El conflicto entre Israel y Palestina es uno de ellos. Asistimos a una nueva escalada de violencia, y, lo que es peor, a declaraciones de que los acuerdos de Oslo están, en el momento presente, rotos. Desgraciadamente los firmantes de Oslo también murieron: Rabin y Arafat. ¡Qué difícil lograr la paz!

Tanto judíos como palestinos son rehenes de la Historia, de la religión, de la tradición, de unas aspiraciones simbólico-míticas de difícil cumplimiento, lo que genera frustración y la imposibilidad de poder contentar para poder avanzar. Aunque, a decir verdad, a Israel le ha venido muy bien la política de hechos consumados, las ocupaciones, los asentamientos contrarios al Derecho Internacional, el muro de la vergüenza, y todo pequeño, sutil, y casi imperceptible hecho orientado a ir arrinconando al pueblo palestino fuera de Jerusalén, en las tierras más áridas o en el macro campo de concentración que es hoy la franja de Gaza.

Israel siempre ha jugado con ventaja, arropado bajo el seguro ala de mamá Norteamérica, mientras, Palestina se diluye en el juego de poderes del mundo árabe, chiíes, sunnies, Irán, Arabia Saudí, etc. ninguno de ellos volcado realmente en implicarse con ese pueblo que tanto sufre y al que sólo le queda la desesperación y las piedras, caldo de cultivo ideal para los fanatismos, que justifican y retroalimentan la violencia.

Repito lo dicho hasta la saciedad. Una solución con dos Estados de fronteras justas y seguras. Desarrollo, cultura, empleo, agua, vivienda, sanidad y educación. Al final, los seres humanos aspiramos a lo mismo, a vivir dignamente en un lugar del que nos sintamos parte integrada y en el que nuestros hijos puedan crecer en paz y felicidad. Esa es la religión común, la que más nos une. Todo lo demás son coartadas para pasar por encima de lo realmente importante: la vida humana.

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Victor Rodríguez

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