Involución

Tengo una amiga nicaragüense que ahora vive en España y me decía el otro
día que aquí se están tomando las mismas decisiones que se tomaron en su
país (y en toda América Latina) a principios de los años noventa, esto es:
regresión del Estado, privatizaciones de los sectores públicos
estratégicos, ajustes estructurales y esa pérdida de soberanía a favor de
entes supranacionales como el FMI o el Banco Mundial, lo que en España
sería la Unión Europea o “los Mercados”. Y es que aún recuerdo cómo nos
manifestábamos en aquellos años contra la Deuda Externa que esos países,
en su mayoría latinoamericanos y africanos, tenían contraída a alto
interés, con el FMI y países poderosos y cómo sólo en el pago de los
intereses de esa deuda, se comían gran parte de los recursos de sus
respectivos Estados, quitándolo de las partidas de salud, educación o
atención social. ¿Les suena todo esto? Rajoy ha dicho en el Parlamento que
él “no es libre”, es decir, que otros le están imponiendo la hoja de ruta,
hasta el punto de hacer lo contrario a lo que prometió en su programa
electoral. El pago de la Deuda soberana española ya supone un tercio de
nuestro PIB, y ese pago está saliendo de forma brutal e insolidaria de los
presupuestos destinados a las prestaciones sociales y demás derechos
básicos de los ciudadanos.

Esa es nuestra realidad, una realidad que involuciona. Y es que podemos
mirarnos en el espejo de lo que ya pasó y en el que ya vimos sus
consecuencias, lo que pasa es que ahora nos toca a nosotros, y no sólo a
los más pobres. Hoy cualquier familia de clase media puede sucumbir a la
marginación en el momento en el que pierda el trabajo, todo lo demás irá
detrás: la casa, el coche o hasta los niños si se declara a la familia en
desamparo por imposibilidad de criarlos dignamente. No estoy hablando de
nada que el querido lector no está viviendo de cerca. Existen familias
españolas que están siendo apadrinadas por familias noruegas, sí gente que
se apiada de los desahucios, de los parados y se conmueven con historias
concretas de personas que se ven de un día para otro sin nada. Y lo hace
gente de la otra Europa, de la que tiene un salario estratosférico
comparado con el nuestro, que tiene servicios públicos de garantía, apoyo
a la maternidad, y principios democráticos de transparencia, ejemplo y
exigencia de su clase política. Volvemos otra vez al ejemplo de los años
noventa, ahora somos los españoles los que somos apadrinados y son
nuestros políticos los incapaces, las marionetas de los poderes
extranjeros, los que se enriquecen y nos tratan despóticamente, ahora es
España la empobrecida. Como ya se empieza a decir: “España es un país en
vías de subdesarrollo”.

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Victor Rodríguez

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