Irrealidad nacional

Hay en todo este debate del Estatuto Andaluz algo tan ficticio, tan irreal,
que no se entiende muy bien que consuma tantos minutos de telediario o páginas
de prensa. Lejos, allá en el país de la realidad, los andaluces continúan
ocupados en llevar a sus hijos al colegio, soportar las condiciones de un
contrato precario o pagar sus hipotecas. Y a este otro lado, cerca de donde
quedan las cámaras y los micrófonos, surgen machaconamente los rostros y
las palabras de nuestros políticos, difuminados como un rumor de fondo. Y
así nos vemos (mejor, no nos vemos), unos enredados en sus cosas, en sus
discusiones sobre si somos o no nación, en sus enfrentamientos tan previsibles;
y otros ocupados en las suyas. Pocas veces, por desgracia, se traspasa
la frontera de esta percepción, aunque hay momentos en que a los políticos
les da por hacerse de carne y hueso, y se ponen muy latosos, empeñados en
que nosotros los entendamos a ellos. La única pregunta que he oído que se
hace la gente es si a partir de ahora, en lugar de poner en el pasaporte
nacionalidad española, tendrá que poner… ¿qué? ¿realidad nacional andaluza?
Qué lástima que la política sea tantas veces un gran teatro donde se representa
una obra de argumento surrealista. Y encima, se le pida al público que aplauda.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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