Junto al Estero del Rincón

Hace unos días salí a correr un rato, y me dio por meterme por la zona de marismas que está entre las industrias y el Estero del Rincón. Es la zona “regenerada” de los vertidos de Fosfoyeso de la industria, vegetación baja, algunos árboles, edificios municipales de Aguas de Huelva… Hacía poco me habían recordado esa costumbre de los indios hopi, que para tomar cualquier decisión importante tenían en cuenta el impacto que tendría en las siete generaciones siguientes. Y me acordé porque evidentemente, los que autorizaron y permitieron los vertidos en aquella zona no pensaron en absoluto en las generaciones venideras. Esa zona de marismas es un verdadero regalo, un paisaje mágico a escasos metros de la ciudad, podría ser una zona de ocio, de paseo. He visto otros parques en similares condiciones, por donde la gente corre, monta en bici, pasea, hace actividades acuáticas… Y me producía mucha tristeza ver aquella zona escondida tras las vías del tren, sin accesos, mal conservada, una especie de trastero de la ciudad, y contaminada a un metro escaso de la superficie.

Peor, mucho peor, es al otro lado del Estero: allí las balsas de fosfoyeso blanquean el paisaje hasta donde alcanza la vista. No hay manera de cambiar este presente: nos han hipotecado una zona privilegiada de la ciudad, no vamos a poder usarla para casi nada en muchos años, la recuperación será muy lenta, desesperantemente lenta. Todo eso iba pensando mientras corría, alternando lo que tenía ante la vista -marisma, vegetación, el río un poco más allá- con lo que sabía que había bajo mis pies y lo que observaba al girar la vista hacia el Este.

Bueno, volví a pensar en los indios Hopi. Porque no podemos cambiar las decisiones que se tomaron hace cincuenta años. Pero sí podemos influir en las que hay que tomar ahora. Y es una oportunidad para aplicar ese visión holística de los indios, y pensar en las siete generaciones de onubenses que nos sucederán. ¿Qué queremos que hereden? ¿Qué ciudad vamos a dejarle a los nietos de nuestros nietos? Estamos en disposición de tomar las decisiones que permitan que dentro de algunos -muchos- años los onubenses pueda tener un parque natural en una envidiable zona de marismas y justo lindando con la ciudad. Todo un privilegio.

Hará falta mucha generosidad para eso, claro. Mucha altura de miras, complicidad entre ciudadanos, políticos, administraciones, empresas. También inversiones, enmarcadas en una visión ambientalista del entorno, un respeto profundo a la naturaleza a la que pertenecemos, un abandono del expolio al que sometemos actualmente todo lo que nos rodea. Todo eso hará falta. Pero salí de aquel futuro “Parque del Estero del Rincón” corriendo y esperanzado, porque son muchas las persona que están dispuestas a trabajar duro por todo eso. Aunque nunca vayan a poder disfrutarlo.

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Gonzalo Revilla

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