La AIQB, en campaña

La publicidad siempre nos hace creer que vivimos en el reino de las buenas noticias. Es legítimo, aunque no sea leal, ni siquiera verdad. La campaña publicitaria de la AIQB que ha inundado el mobiliario urbano y los buzones de los onubenses pretende que nos sintamos tan orgullosos de nuestra industria como lo estamos de nuestro jamón, nuestras gambas o nuestras playas. Es una campaña inteligente, aunque repetida: ya apelaron a ese onubensismo acrítico hace ocho años, pero de entonces acá ha llovido un poco. Ahora somos aún más conscientes de que la industria es necesaria, pero no a cualquier precio. Seguimos queriendo disponer de electricidad, mejorar el rendimiento de la agricultura…, pero no a costa de construir centrales sin licencia, o de acoger vertidos ilegales, o hipotecar nuestra salud. Y sobre todo, ahora ya no estamos solos: cada vez son más quienes disienten del discurso de la “obligación” de “esta” industria. Onubenses que no han dejado de serlo, pero han elegido no callarse, han elegido pensar, han elegido sentirse orgullosos por otros motivos. Es legítimo, es leal, y esta vez, incluso, es verdad. Y sin campaña publicitaria.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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