La austeridad que nos mata

Intermon Oxfam acaba de publicar un informe titulado “La trampa de la austeridad: el verdadero coste de la desigualdad”, en el cual se asegura que después de tres años de unas políticas europeas de austeridad mal planteadas, para países como Reino Unido, España, Portugal o Grecia tales políticas no solo no han cumplido su cometido sino que han agravado y agrandado el nivel de endeudamiento, con el consiguiente elevado coste social que esto conlleva. La clave de tan apoteósica debacle la podemos encontrar en que la aplicación de tales medidas ha estado dirigida a los más vulnerables de estas sociedades. Y es que los recortes en los servicios públicos lo único que tienen asegurado es el acrecentamiento de las desigualdades.

Y no hacía falta que pasasen tres años para que nos diésemos cuenta de esto, por supuesto que no, pero aun así lo acatamos, con mayor o menor enfado, lo acatamos. Quizás por ignorancia, quizás por miedo, por fe ciega en los gobernantes, coherencia o incluso por apatía. Dejamos que estas medidas nos gobiernen mientras nosotros seguimos esforzándonos cada día por sobrevivir y en medio de esa supervivencia intentar ser felices. Porque, ¿quién, cómo y cuando cambiar esta forma de gobernar?

La clave de esta triunfal barbaridad reside en la imposición injusta de unas medidas austeras por parte de los gobiernos que siguen empeñados en ejercer su labor desde el paradigma de las monarquías más retrógradas. Gobiernos jerarquizados y jerarquizantes que bien da igual como se apelliden: “extrema, derecha, social-democracia europea”, actúan sin ninguna vocación de servicio a la ciudadanía, sin planteamientos serios y coherentes. Y no es que la austeridad conlleve resultados negativos, todo lo contrario, los resultados pueden llegar a ser bastante positivos cuando se hace opción libre por tales medidas. Y es aquí donde reside la raíz del problema, tomar medidas coherentes conlleva empezar por uno mismo, conlleva tener en cuenta la voz del pueblo. Y si se quiere tener un pueblo preparado que responda ante este tipo de propuestas con cierto sentido común o juicio, hay que haber apostado previamente por una educación de calidad que abogue por la formación de ciudadanía política activa, por una gobernanza honesta y volvemos a repetir, coherentes.

Afirma el informe de Oxfam que si las medidas de austeridad continúan, en 2025 en Europa probablemente la tasa oscile entre 15 y 25 millones más de pobres.

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Carmen Murillo

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