La brecha

Me han pedido que deje esta columna, ya que es criterio del Grupo Joly no tener firmas de políticos “en activo”, así que esto es una especie de despedida. Lo entiendo, aunque me asusta un poco eso de político en activo. Desde que se ha anunciado que, posiblemente, entre como concejal en el Ayuntamiento de Huelva he recibido algunas felicitaciones, pero casi todas con cierta retranca, compadeciéndose de mi situación. Y en la última manifestación del 23F la columna de indignados se paró delante de cada Administración, local, regional y estatal, y se lanzaron gritos contra la clase política, poniendo de manifiesto la profunda desafección (en el mejor de los casos) que sienten los ciudadanos. La pregunta es obvia: ¿merece la pena meterse en la arena política con la que está cayendo?

No lo sé. Sinceramente. Por una parte, es una responsabilidad a la que está feo negarse: uno se coloca en una lista, pide la confianza de los votantes y, cuando por diversas razones hay que responder a esa confianza, no parece lógico salir corriendo. Pero también es cierto que estamos viviendo un momento muy especial y que la brecha abierta entre los que se dicen representantes y los supuestos representados es enorme. Hemos leído estos días una de esas encuestas en las que se constata que tres de cada cuatro ciudadanos no se sientenrepresentadospor sus políticos. Si a eso le sumamos los índices de abstención de las últimas citas electorales, el resultado innegable es una profundísima crisis del sistema político.

Alguien me decía que puede ser un momento interesante: el del cambio hacia otra formas de gobernar más participativa, más democrática. Ojalá eso sea verdad, aunque de momento no hay signos de que las élites políticas estén dispuestas a reconocer la gravedad del problema, mucho menos a ceder poder o modelarlo. Pero supongo -quiero suponer- que desde dentro también se puede maniobrar hacia mayores cotas de transparencia, de sentido común, de servicio público.

Pues nada, que me despido de esta columna, provisionalmente, que andaré enredando por el Ayuntamiento, procurando no decepcionarme en exceso, aprendiendo en ese margen tan pequeño que deja una oposición frente a una mayoría absoluta, tratando de recordar qué es un político, a quién se debe, cuáles son sus límites y sus obligaciones, y qué papel habrán de jugar los políticos en adelante si no queremos que la fractura empiece a sangrar.

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Gonzalo Revilla

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