La burbuja hídrica

Vender las zapatillas para comprarse los cordones: eso fue lo que hizo el Ayuntamiento de Huelva hace tres años con la gestión pública del agua. Y resulta que nos hemos quedado descalzos y ahora nos duelen los pies. No solo por la escandalosa subida de tarifas, sino por la inadmisible venta de servicios públicos que, en abstracto, priva a los ciudadanos de derechos básicos y, en lo concreto, se realiza sin una garantía mínima de que la empresa adjudicataria (Aquagest en el caso onubense) esté gestionando bien sus recursos. Un callejón sin salida, una hipoteca para el futuro.

El “mal de muchos” aporta escaso consuelo, aunque sea rigurosamente cierto: la fiebre privatizadora se extiende por doquier, porque detrás de esta burbuja especulativa hay otra más grande, la propia burbuja neoliberal. Y de ese círculo es difícil salir. La lista de municipios que ven en este procedimiento una salida fácil a sus problemas de liquidez sería, ustedes lo saben bien, más larga que este mismo artículo.

En el caso del agua, cuesta entender cómo un bien que es de todos, un derecho reconocido por la ONU, puede dejarse en manos privadas. ¿Por qué se vende lo que no tiene dueño? Más aún, ¿por qué se cede una gestión que en la mayoría de los casos es rentable? Y para rematarlo, ¿quién vigila después esa concesión? Mientras en Europa los acuerdos con entidades privadas están sometidos a un férreo control de tarifas y de mantenimiento, aquí no haya trabas. Los ayuntamientos saldan sus deudas, hacen rotondas… y luego las empresas adjudicatarias dicen que no tienen para invertir. ¿Quién lo paga? Por supuesto, el ciudadano indefenso y cabreado.

Pero se puede canalizar esa indignación. También es largo, afortunadamente, el listado de plataformas, asociaciones de vecinos o colectivos que se movilizan en defensa de la gestión pública de los servicios, o lo que es lo mismo, en contra del negocio. En Cartaya siguen recogiendo firmas, en Valladolid mantuvieron una lucha ejemplar, en el Puerto de Santa María llevan un año intentando demostrar que el suministro municipal es viable. No vale sólo con protestar. Mientras el Ayuntamiento apela a la solidaridad y vincula la quinta subida del recibo con las bonificaciones que concederá a familias desfavorecidas, muchos preferimos apelar a la inteligencia y a la capacidad crítica. Basta de cinismos. Esta burbuja del agua no nos estallará en la cara.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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