La Cosa

La cosa es el título de una peli de John Carpenter en la que la gente tiene que luchar contra un ser capaz de cambiar de forma y tomar el aspecto de cualquier ser vivo (puede verse como cualquiera de nosotros, pero dentro sigue siendo inhumano). En la peli, lo más peligroso son los mismos integrantes del grupo, entre los que se fomenta la desconfianza y situaciones ásperas. El argumento suena a la vida misma. En Sevilla han colocado carteles en algunos bares con la leyenda: “Prohibido hablar de la cosa”, que más que aburrir asusta, que ya no es sólo la crisis, es mucho más. Y es que miramos hacia arriba y nos entra vértigo, desorientados por las decisiones de los que nos representan y asustados por sus explicaciones; y miramos al lado y nos angustiamos, sin saber quién será el próximo. Lo único comprensible es el número de parados se entiende perfectamente, y el número de impagados crece peligrosamente (ni los funcionarios se salvan). Y, para colmo, algunos locos por ahí asaltando bancos y llamándonos a la rebeldía, los sindicatos incitándonos a ir hasta Madrid a manifestarnos y hasta algunos descamisados llamándonos a tomar el Congreso. De locos. Todo esto tiene que ver con la cosa.

La cosa que nos preocupa aquí, no la peli, emergió hace ya más de 5 años y no hay quien se la quite de encima. Usó una vía de contagio hasta entonces desconocida, la televisión, algún telediario de medio día, y, sin esperarlo, ha terminado colonizando a toda la ciudadanía con rentas medias y bajas. Parece un virus de película americana; ¿inventado por la CIA?, parece que no, pero aún se busca el reservorio: se habló de estafadores y especuladores norteamericanos, después de Grecia, y ahora pudiera ser que los consumidores desaprensivos la lleváramos dentro durante años. Y la cosa se ha hecho inmune, y destruye empleo a un ritmo vertiginoso, aniquila derechos sin compasión, aumenta peligrosamente el deseo de suicidarse y, sobre todo, borra los sueños. Hasta ahora todas las medidas tomadas sólo han debilitado a los enfermos; que si el IVA, que si facilitar el despido, que si restar de lo público… Ya lo decía, como en la película, hurgando en la herida a la espera del intrépido salvalotodo que traiga una solución magnífica. Y España espera ansiosa la irrupción de ese personaje; se esperaba de Merkel, de Hollande, e incluso a Obama, pero ninguno ha ofrecido vacuna alguna, más bien han sacado más sangre.

La cosa saca lo peor de nuestra sociedad. Se decide en función de equilibrios de poder y prioridades de los que más tienen, se sanciona más a los ciudadanos más débiles, se airean las xenofobias y patriotismos de “a peseta”… Pero la cosa también espera su desenlace, la ciudadanía que se hace protagonista de su historia y ahuyenta parásitos para siempre.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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