La crisis verdadera

Creo que este debiera el momento de que se unieran fuerzas para pedir la dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas. Ya tenemos datos suficientes para concluir que el Partido Popular no está legitimado para seguir en el poder.

En medio de una macroinvestigación judicial por financiación ilegal, con buena parte de sus cúpulas actuales y pasadas implicadas, con varias ramificaciones de lo que parece ser la mayor trama corrupta destapada en la democracia: Gurtel, Bárcenas, Palma Arena…

En medio del mayor descrédito que se conoce por parte de la sociedad, incumpliendo sistemáticamente el programa electoral que le llevó a la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y machacando a la población con medidas antidemocráticas y leyes con las que la mayoría social está en contra.

Este sería el momento en que la sociedad se convocara, le retirara la legitimidad a este gobierno e hiciera algo que no puede esperar y que no se puede esperar de la clase política española: convocar unas elecciones anticipadas desde las que se conformaran unas cortes constituyentes con verdadera representatividad, unas cortes que recogieran el testigo del proceso constituyente que ya se ha iniciado en numerosos puntos de la geografía, que no lo interrumpieran, que lo animaran.

Este podría ser el momento perfecto, pero es poco probable que lleguemos a ver algo así.

Por muchos motivos: porque se han encargado de inocularnos el miedo con sus policías y sus multas, con sus cárceles y sus concertinas. Porque se han encargado de instaurar una cultura de “lo fácil, lo rápido y lo barato” y un proceso como el que la sociedad española necesita es arduo, lento y costoso. Porque se han encargado de destruir los instrumentos que teníamos para que un proceso así fuera posible: cebaron a los sindicatos más representativos, a las ONGs, incluso a las asociaciones de vecinos a base de subvenciones, prostituyeron la política convirtiéndola en una rampa hacia el enriquecimiento rápido, haciéndole olvidar su vocación de servicio público. Porque han conseguido disgregar, separar luchas que debían ir de la mano: maestros y médicos, desahuciados y parados, funcionarios y obreros… y generar la idea de que movimientos como el 15M no sirvieron para nada.

Soñemos, no obstante, que las previsiones saltan por los aires y se empiecen a ver soluciones a la crisis de verdad, la de nuestra democracia.

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Javier Rodríguez

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