La dichosa X

Abierto ya el plazo de la Declaración de la renta, vuelve la dichosa “x”, esa que hay que marcar al final del documento y que desvía un 0,7% de la cuota íntegra a fines sociales o a la Iglesia. Debo confesar que me resultan muy incómodas esas campañas que tratan de llamar la atención de los contribuyentes mercadeando con valores solidarios. La Iglesia lleva años haciéndolo, y por cierto los fondos que destina a publicidad no son escasos (y salen de los mismos dineros que se pretenden captar). Y las ONG no tuvieron más remedio que sumarse al carro publicitario, al menos para atestiguar que ambas asignaciones eran independientes y compatibles entre sí.

Pero ¿qué diferencia hay entre las dos casillas? La principal es que el dinero que sale de la “X solidaria” se utiliza en exclusiva para proyectos concretos de acción social, no para financiar la estructura de las ONG; mientras que el de la Iglesia católica sí se utiliza para su sostenimiento económico, principalmente para los sueldos de sacerdotes, obispos, profesores… Mucha gente cree que marcando la casilla de la Iglesia está destinando ese dinero a organizaciones como Cáritas o Manos Unidas, y así parecen darlo a entender los anuncios de la propia Iglesia. Pero lo cierto es que estas ONG católicas reciben subvenciones para sus proyectos a través de la otra casilla, la de fines sociales.

No dudo de que para los católicos, o culturalmente adscritos al catolicismo (a veces es una cuestión meramente identitaria), no marcar esa X suponga algo así como una infidelidad. Pero el resto de creyentes también debería tener esa posibilidad. Esta es una crítica habitual en una España de tintes cada vez más laicos, la que se refiere a la financiación pública de confesiones religiosas, cuestión a la que ningún gobierno se ha atrevido a meterle mano hasta ahora. Pero hay otra crítica mucho más grave. Si el contribuyente decide no marcar ninguna X, el porcentaje se va a los Presupuestos generales del Estado, teóricamente “a fines sociales”. No existe información sobre qué se hace con este dinero, ni siquiera hay una partida destinada a proyectos de acción social, salvo la limosna ridícula de cooperación internacional. Es decir, que esta acción social, obligación del Estado y derecho ciudadano, termina siendo ejercida como caridad de unos u otros. Y eso sí que pervierte el propio concepto de la casilla de marras. Se mire por donde se mire, la dichosa X debería desaparecer.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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