La explotación del siglo XXI

Aunque parezca mentira, en pleno siglo XXI sigue dándose la explotación y la esclavitud de personas empobrecidas a costa de empresas privadas que no tienen en cuenta la dignidad de las personas ni tampoco el sufrimiento que estas padecen. Es un trabajo forzoso o forzado como ustedes lo prefieran llamar. Este trabajo forzoso genera ganancias anuales ilegales de 150.000 millones de euros, según un estudio publicado esta semana por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que revela que más de la mitad de las víctimas son mujeres.

El informe se basa en datos primarios, no en estimaciones y, por primera vez, demuestra la correlación entre trabajo forzoso y pobreza. El trabajo forzoso implica un elemento de coacción, es decir, ejercer una actividad sin haber dado el consentimiento previo y sin ser libre para dejar de realizarla.  Según las estimaciones mundiales de la OIT, alrededor de 55% de las víctimas son mujeres y niñas, y esta esclavitud se produce en la explotación sexual comercial y en el trabajo doméstico. Asimismo, el 44% de las víctimas migraron dentro o fuera de las fronteras internacionales antes de ser sometidas. El 90% de este trabajo forzado se da en la economía privada, en contraposición a la explotación ejercida por el Estado.

De los beneficios ilegales obtenidos por esta explotación laboral, noventa y nueve mil millones de euros pro vienen de la explotación sexual y cincuenta y un mil de la explotación con fines económicos, que abarca el trabajo doméstico, la agricultura y otras actividades económicas. Han generado una triple discriminación con la mayoría de estas víctimas: la discriminación por ser mujeres, por ser pobres y por ser inmigrantes. O dicho de otra manera han creado una actividad económica machista, clasista y racista. Los de siempre consiguen grandes beneficios a costa de pisotear a seres humanos, cuyo único delito es padecer la pobreza y la miseria. Ya va siendo hora de cambiar las reglas del juego, ya va siendo hora de elevar la voz ante tanta injusticia, de organizarse y luchar.

Por eso, conviene no bajar la guardia ante lo que se avecina y estar atentos para denunciar y cambiar estas situaciones de indignidad y sufrimiento. Conviene quizás empezar por despojar a tanto terrorista financiero de sus riquezas y y empezar a repartirla entre los desheredados de la tierra, los más empobrecidos, los sin nada, los don nadie.

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Dimas Haba

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