La fiesta nacional

Hoy se celebra la fiesta nacional. El acto principal es un desfile militar al que asisten las autoridades de la nación. Ello me lleva a reflexionar sobre el modo y contenidos de esta celebración. Y a hacer un breve homenaje a George Brassens. Lo reconozco: hoy no quería salir de la cama. Pero trabajo algunos fines de semana y hoy tocaba. Precisamente hoy que, como todos los doce de octubre, en homenaje a George Brassens me quedo en la cama, porque {“en la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar no me supo levantar”.}

Resulta curioso el papel que se otorga al pueblo en esta celebración, sobre las personas en la que reside la soberanía nacional (de momento y en apariencia). No más que meros espectadores que, en vista del despliegue de policía, es un rebaño al que se mira con desconfianza. De todas formas, poco tengo que en común con los aficionados a los desfiles militares.

Porque de eso de se trata la celebración de hoy. De un desfile militar. No lo entiendo. Si se trata de la fiesta nacional, por qué un desfile militar, una exhibición de armamento. Si es una fiesta de todos, porque no aprovechar para reconocer la labor de maestros, enfermeros, limpiadores, albañiles,… que son los que cada día {“levantan España”}.

También resulta interesante el momento en el que se recuerda y homenajea a los que dieron su vida por España. Nada en contra que se recuerde y homenajee a militares que murieron haciendo su trabajo. Pero cada año mueren, aproximadamente, 1200 obreros en su puesto de trabajo. Obreros que, en mi opinión, también han dado su vida por España. Aunque España, ya se sabe, más que madre es madrastra.

Dicen los aficionados a lo marcial que el desfile es un buen momento para presentar a la sociedad las novedades adquiridas en armamento y equipos y, así, que las fuerzas armadas puedan cumplir con su mandato constitucional de defender a España (¿de quién?). En ocasiones son adquisiciones de dudosa utilidad desde el mero punto de vista militar (carros de combate en un país montañoso). Y, en general, comparto la opinión de alguna persona que dice que lo que de verdad defiende a España es la ayuda al desarrollo. Con todo, para vergüenza nuestra, nuestro país, en el año 2007, se ha convertido en el octavo exportador mundial de armamento.

También, dicen los pedagogos de la defensa, se aprovecha la ocasión para explicar a la sociedad que labor realizan nuestros ejércitos. Si nos creemos la publicidad institucional, la milicia se ha convertido en una enorme escuela de formación profesional, en un eficaz sustituto de la protección civil (bomberos, emergencias,…) y la mayor ONG de nuestro país. Pero lo cierto es que los títulos de FP se obtienen donde siempre (en un instituto de secundaria); los incendios los siguen apagando los de siempre; y el personal de las ONGs no suele ir armado.

Hoy, cuando salga de trabajar, sustituiré mi homenaje mañanero a Brassens por una siesiecita.

http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Brassens.

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