La guerra de los móviles

En este asunto de los móviles, lo primero que llama la atención es que todavía sea un asunto. Es decir, que lo que debería haber pasado rápidamente por las páginas de los periódicos, algo anecdótico que podía haberse resuelto hace mucho, vaya camino de convertirse en una gran bola de nieve. Algo debe haber en el ADN de la clase política que les impida reconocer errores. Y algo hay en la guerra de los móviles bastante más serio que los comentarios jocosos que circulan por la ciudad. Para empezar, que si algunos representantes de los onubenses, en la Diputación o el Ayuntamiento, piensan que el móvil es suyo y pueden hacer con él lo que les plazca, es porque también creen que el puesto es suyo, y no que están ahí al servicio de los ciudadanos. Para seguir, que -después de tantos desmentidos y acusaciones por ambas partes- será difícil saber qué pasó, aunque una Comisión de Investigación, como se pide ahora, se haga cargo del asunto. Es como si verdad y política fueran términos incompatibles. Nada de esto va a contribuir a mejorar la imagen cada vez más maltrecha de los gestores de la cosa pública, ni a restaurar la confianza rota de sus electores. Y esa factura será más cara aún de pagar que la de los móviles. proyecto@dosorillas.org

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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