La guerra empieza aquí

Moron

Rota y Morón: dos emblemas de la estrategia belicista y también de la búsqueda de la paz. De un lado, tras las alambradas, las instalaciones militares del ejército de EEUU, el más poderoso del mundo, que se cobija en suelo andaluz para preparar cómodamente sus futuras ofensivas en África y Oriente Medio. De otro, marchando juntos por la carretera, un puñado de resistentes a la guerra que corean consignas pacifistas, año tras año desde hace casi tres décadas. Una imagen ridícula, si nos paramos a pensar. Entonces, ¿qué sentido tiene que se vuelva a gritar en contra de la OTAN y de las bases, en una nueva marcha hacia Morón?

Hablar de la OTAN en estos tiempos parece pasado de moda. De hecho ni siquiera se la ha nombrado en la respuesta bélica que Francia requiere de la UE a raíz de los atentados, como si las estructuras militares se solaparan unas a otras, como si crecieran sin cesar alimentadas por el fabuloso negocio de la guerra. Las ostentosas maniobras de hace solo unas semanas, que convirtieron a Andalucía en un gigantesco campo de entrenamiento, adelantan cuál será el papel de la Alianza Atlántica en el futuro, una especie de “Legión extranjera” especializada, dispuesta a intervenir con éxito cuando la geoestrategia de Estados Unidos así lo requiera. Todo esto con el sonriente consentimiento del gobierno español y, de propina, el cínico aplauso del andaluz, satisfecho de las migajas laborales que pueda rebañar.

No, ya nadie parece discutir el necesario papel de los conflictos armados en la economía mundial, o la imprescindible escalada militar para defender por la fuerza ciertos intereses. Nos han convencido de que necesitamos defendernos, armarnos hasta los dientes, disparar primero. Y la verdad es que da igual en nombre de quién se mate. Entre invadir un país con barcos destructores y aviones de combate o irrumpir en una discoteca con ametralladoras, la única diferencia es que a unos muertos se les ignora y a otros se les entierra con honores. Cuando la tragedia nos salpica y parte de esa violencia estalla ante nuestros ojos, conviene recordar que la guerra empieza aquí, en nuestro propio suelo, muy cerca de nosotros.

No está de moda salir a la calle para gritar en contra la guerra. Sólo unos pocos se atreverán a hacerlo, caminando hacia Morón, coreando consignas. La guerra empieza aquí, es cierto, pero quizás también la paz necesite de gestos de resistencia como este para construirse desde aquí.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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