La historia única

Existe un vídeo en la red llamado “El peligro de una sola historia”. En él, Chimamanda Adichie una escritora de origen nigeriano nos ayuda a reflexionar a través de una narración bastante divertida de su propia historia de vida, del peligro de dar por sentado que la historia es tal cual nos la contaron o que cuando existe más de una versión sobre una misma historia, solo una puede ser la verdadera.

Es justo esto lo que sucede con temas como Siria, la realidad de los países comunistas o la imagen de Hugo Chávez, entre muchos otros ejemplos. Creemos que dentro de lo malo, nuestros malos, los occidentales, son los menos malos porque están más civilizados. De esta historia claro está, solo sabemos la versión que nos contaron nuestros propios buenos-malos civilizados y estos se empeñan en recalcarnos que la forma más efectiva para instaurar la paz es imponerla.

Y es gracias a la historia única como un presidente de gobierno se pudo llevar el nobel de la paz justificando el ataque indiscriminado a una población civil o como una ciudadanía o un continente entero pueden llegar a ver justificados el uso de la concertina en sus vallas fronterizas.


Dice Adichie que la historia única roba la dignidad de los pueblos, porque al mostrarlos una y otra vez como una única cosa, terminan convirtiéndose en eso. Y es que además un pueblo con la dignidad debilitada es un pueblo vulnerable para creerse la historia única como real. Pero no solo tienen debilitada la identidad todos aquellos pueblos que fruto de una invasión o colonización vieron como sus culturas eran comparadas y menospreciadas en función de la invasora, también nuestra identidad real, la supuestamente civilizada y civilizadora se ha ido debilitando a base de mentiras. Por eso ahora después de años abanderándonos como civilización democrática y avanzada no somos capaces de reaccionar cuando aquel sistema que supuestamente nos protegía frente a, de pronto se convierte en nuestro mayor enemigo, negándonos todo aquello que durante muchos años se nos vendió como un derecho. Porque nos creímos una mentira y ahora no tenemos una identidad segura a la que aferrarnos. Nuestra apatía es el fruto de las mentiras que quisimos creernos, pero la historia de este cuento aun no ha terminado y podemos cambiarla. Como asevera Adihie las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder , humanizar y reparar esa dignidad rota.

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Carmen Murillo

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