La III República

Si nos detenemos en la fecha de hoy con una mirada nostálgica nos enfrentamos a la efeméride que recuerda que en este país hoy hace 82 años se celebraron unas elecciones municipales que implicaron que el rey fuera expulsado del país y se instaurara la II República. Poco después se aprobaría la que era la Constitución más avanzada de toda Europa y se iniciaban una serie de reformas que buscaban acabar con el endémico analfabetismo que sufría el pais, con el desigual reparto de tierras, con la desigualdad de la mujer…

Ciertamente fue un periodo convulso. Los que habían gobernado el país y mantenido el status quo durante tanto tiempo no iban a permanecer impasibles e hicieron todo lo que pudieron para torpedear esos logros. Y lo consiguieron. Ocho años después, un general bajito y con voz aflautada protagonizaba un golpe militar por el que, posiblemente, se vengaba de todos los que se rieron de él en el colegio, porque mantuvo en vilo al país desde entonces.

Y digo desde entonces porque todavía no se ha producido la restauración de la república. Cuando murió el señor bajito fue sustituido por un señor muy alto que, todavía hoy, sigue siendo el Jefe del Estado de este país.

De acuerdo, este señor “hizo una transición” que permitió que “volviera la democracia” a España. Pero parece que todo lo hizo más para permanecer en una posición en la que él y su familia mantuvieran sus privilegios, pasara lo que pasara, mientras se daba la oportunidad de que la plebe se peleara por la migajas del festín.

Ahora el invento parece torcersele. A la gente ya no le hacen tanta gracia las muecas campechanas del monarca ni las obscenidades de su prole. Sobre todo si, mientras ellos se dedican a sus cacerías más de 5 millones de súbditos se quedan sin trabajo.

Y en esto que se vuelve a abrir el debate sobre la república como forma de gobierno. Bien. Pero cuidado: la república hay que llenarla de contenido, no vale que nos quedemos con eslóganes fáciles y nombres rimbombantes: si no hablamos de cómo se va a profundizar la democracia, cómo promovemos la participación, cómo se garantiza la igualdad ante la ley y ante la economía, cómo la política debe orientarse al bien común y concretamos en medidas reales que garanticen todo ello, estaríamos hablando de cuentos fáciles o de nostalgia. Hablar de república no es sólo hablar de memoria histórica con lo que eso supone, es hablar de futuro. Nos jugamos mucho.

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Javier Rodríguez

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