La ley del menor

A un chaval de Lepe, condenado por pegarle a un árbitro, se le ha impuesto un castigo que consiste en ponerse en lugar del otro: una jueza con sentido común lo ha “condenado” a arbitrar un partido. Es de suponer que, tras haber comprobado la dificultad de la tarea, el chico haya aprendido la lección, como parece haber demostrado con su buena disposición. La noticia, mal que pese, no es la actitud positiva del menor, sino la originalidad de la medida educativa con que ha tenido que pagar su culpa; yY el criterio de la jueza Carmen Orlán, que no hace sino aplicar lo que estipula la Ley del Menor: que las condenas impuestas deben tener un carácter reeducador, no punitivo. Seguramente todos aplaudamos la visión progresista de esta mujer, igual que, ustedes lo recordarán, se han valorado las medidas del juez Emilio Calatayud de Granada, al amparo de la misma Ley. Y sin embargo es esta Ley del Menor la que está siendo contestada socialmente cuando los delitos cometidos van más allá de pegarle a un árbitro. Hay casos dolorosos, sin duda, porque cualquier delito grave lo es. Pero que esos casos no nos lleven a cuestionar lo fundamental de esta Ley: que los menores pueden rehabilitarse, y, como el chico lepero, están a tiempo de aprender de sus errores.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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