La lincesa está triste

Cuando estábamos tan ilusionados con el alumbramiento de dos nuevas crías de lince en el centro de reproducción asistida del Acebuche ahora resulta que otra hembra primeriza acaba de abortar a sus dos crías gestantes. La lincesa está triste… ¿qué tendrá la lincesa? ¿Será porque para la concepción no pudo conocer a un lince moreno de Sierra Morena en el apartado cobijo de una copa de pino de una duna móvil, ni pudo satisfacer sus caprichos de embarazada antojadiza con un conejo tierno? ¿Será porque ha sido inseminada con probeta, controlada, monitorizada, limitada a un recinto cerrado?

El programa de cría en cautividad del lince es un loable intento de salvación de una especie que necesita algo más que el empeño de un grupo de biólogos y de unos muchos millones de euros que bien podrían destinarse a otros problemas medioambientales más graves que sufrimos todos los onubenses.

Si su hábitat está cada vez más constreñido por infraestructuras, urbanizaciones o campos de cultivo intensivo, de nada sirve seguir trayendo al mundo a cachorros que acabarán siendo una especie de nuevo Furby porque poco les queda ya de viables en un entorno tan poco natural. Es frustrante tanto esfuerzo para acabar atropellado por un Seat Rayo camino de Matalascañas, como cantaba hace años el maestro Kiko Veneno.

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Victor Rodríguez

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