La Magdalena

Ya no las veremos más en el que ha sido su feudo durante décadas: acaba de cerrar la última casa de la calle Gran Capitán que se dedicaba a la prostitución, “la casa de la Reyes”. Poco a poco, inexorablemente, los locales que obstaculizaban la especulación inmobiliaria han ido siendo cercados, cerrados, ocultados. Ahora ya no se ven prostitutas en los aledaños, y los pisos podrán venderse más caros. Eso sí, nadie preguntará qué ha sido de estas mujeres:¿Se fueron a otro sitio? ¿Dejaron tal vez su oficio? Mucho ha cambiado el panorama de la prostitución en poco tiempo, pero la hipocresía sigue siendo la misma: lo que importa es que las prostitutas no estorben, ni muestren sus condiciones de vida deplorables a plena luz del día. Mejor que ejerzan en lugares discretos y algo más limpios, en pisos o sex-shops, o al abrigo de la noche en la avenida de las Palmeras. Mejor que se publiciten en los periódicos y no molesten a los funcionarios decentes que toman café en la zona de Zafra. Hemos conseguido cambiar de sitio el problema, volver invisibles a las Magdalenas de hoy. Ya podemos dedicarnos al fervor religioso de este jueves santo.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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