La Marcha de la Sal

El 12 de marzo de 1930 Ghandi se acercaba al mar y cogía un puñado de sal. Un gesto ridículo que estaba prohibido por el Imperio Británico. Con esto empezó una rebelión que desembocó en la independencia india.

Mucho se habla sobre la no violencia de Ghandi, de Martin Luther King… pocas veces se habla de que su no violencia era revolucionaria, pretendía subvertir el orden, enfrentarse a poderes tan firmemente asentados como la segregación racial de USA o de la política genocida del imperio. No era fácil: el ambiente era de miedo, de sumisión, de no creer que fuera posible cambiar la situación. Los adalides de la segregación racial o del imperio no sólo tenían las armas: controlaban la policía y los jueces, tenían el poder político y el mediático y, por supuesto, los medios de producción. Enfrente tenían un población dividida, miedosa, incapaz de plantar cara a la corrupción, a los despropósitos y que, incluso, veía con mejores ojos alimentar el statu quo que respaldar actos de rebeldía de los que se desconocían las consecuencias. Preferían seguir siendo “honrados ciudadanos” que pagaban sus impuestos y cumplían todas las leyes, por injustas que fueran, aunque eso supusiera firmar su propia sentencia de muerte, su propio desahucio, el cierre del grifo de su propia subsistencia.

Con la Marcha de la Sal la historia dio un giro inesperado, las manifestaciones y las huelgas se habían mostrado poco eficaces, sin embargo aquel gesto no sólo acabó con el veto a la recolección de la sal si no con el colonialismo británico.

Dudaba sobre la posibilidad de dedicar este artículo a explicar cómo se fabrica un cóctel mólotov, al final me he decantado por esta historia: cuando los pobres inician una revolución y toman las armas tienen todas las de perder, cuando inician una revolución y lo hacen utilizando para ello los métodos que nos ofrece la no violencia pueden llegar muy lejos.

No sólo es cuestión de ética, que también: no queremos ir por ahí haciendo daño y matando personas, por muy indeseables que sean. Es también una cuestión práctica, ¿acaso pensamos que los trabajadores, la ciudadanía, los pobres… tenemos posibilidades de éxito si nos enfrentamos con las armas a los que ostentan el poder? Por muchas razones que tengamos para hacerlo la respuesta es no. Sin embargo la historia está llena de pequeños y grandes éxitos de la acción no violenta, como la Marcha de la Sal.

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Javier Rodríguez

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