La más grande.

Estamos en otra era, no cabe la menor duda, y los signos de los tiempos parecen desconcertarnos. ¿Quién dice que los jóvenes no saben organizarse?. La tecnología, fundamentalmente el móvil y los SMS, está facilitando cualquier forma de movilización. Lo constatamos en el vuelco electoral que dio el triunfo a los socialistas; ahora, una parte de nuestros jóvenes (universitarios, sobre todo), ha descubierto sus virtudes y la están utilizando para zambullirse en una febril competición de macro-botellones. Ya no se trata de buscar la excusa de una copa para tener un espacio social, tan necesario; ahora, imbuidos por la competencia y el “glamour” del libro Guinness se disputan quien monta la más grande “botellona” de la historia. La rebeldía ya no precisa ni razones, ni consignas, ni opresores; basta la competencia. Por eso van trocando sus expresiones en otras formas, vacías si se quiere, pero siempre contestatarias. No es tiempo de echarse manos a la cabeza ni de dar importancia a otra moda que pasará, como todo lo vacío. Pero puede que lo superficial sea la sociedad que nos están proponiendo: demasiado fácil para unos pocos, tremendamente injusta con el resto.

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Dos Orillas

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