La muerte

Extraña relación la que tenemos con la Muerte. La alejamos y escondemos
igual que la buscamos y la enseñamos. La hemos convertido en un
espectáculo de masas; cinematográfico o periodístico. La observamos en los
noticieros; da igual que sea el tsunami de Japón o las inundaciones de
Manhattan. Se coloca en las cabeceras de los periódicos y se adorna con
todo tipo de detalles y de imágenes. Siempre desde el confortable desapego
que da la lejanía, en esa especie de morbosa distancia de saber que le
está pasando a gente remota y desconocida.

Pero la cosa cambia cuando la Muerte se presenta en nuestro entorno, ahí
ya no sabemos cómo reaccionar, nos atormenta su espontaneidad y
arbitrariedad, no sabemos afrontarla. Y es que estamos asistiendo a la
transición entre la interpretación del trato con la Muerte que tenían
nuestros abuelos, esa España rural y católica, con la forma actual, que
todavía no se sabe muy bien cuál es. Este fin de semana caminamos entre el
Don Juan Tenorio que era y el Halloween que ya está aquí. Tan sólo hay
esbozos de por dónde irá la manera de plantear la Muerte en los próximos
años: aumentan los tanatorios por toda la provincia, y aumenta
exponencialmente el número de incineraciones frente al de sepulturas. Esta
evolución corrobora la necesidad de esconder la Muerte de nuestras casas.
Nos da pavor que alguien fallezca en su piso y ver un coche fúnebre frente
al portal, y queremos desprendernos a toda costa de los restos, haciendo
cenizas los recuerdos, en una especie de olvido prematuro. Estamos
obviando que en los cementerios se guarda la historia de los pueblos y de
sus habitantes, de nuestros ancestros. El culto a la Muerte parece que es
ya cosa de otra época.

Los barcos de cruceros que han arribado este verano al Puerto de Huelva,
cargado de turistas ingleses, han incluido en su recorrido la visita al
cementerio inglés de nuestra ciudad, y consta que hay asociaciones del
Reino Unido que buscan y cuidan de cementerios por todo el mundo,
especialmente en lugares con significativa presencia anglosajona, como fue
la Huelva de las minas. Pasen por un pequeño camposanto que hay en
Tharsis, el lugar es sencillo, pero tiene algo de mágico. Lástima que,
tanto el de Riotinto, como el de Huelva capital, estén sumidos en el
abandono. Podría decir que sería un buen atractivo turístico para
extranjeros, pero no me atrevo a tanto. Prefiero pensar en encontrar una
forma de incluir la Muerte como parte de nuestra vida, y que esa
naturalidad que muestran, no sólo los ingleses, sino otras muchas culturas
del mundo, seamos también nosotros capaces de encontrarla. Ayudaría a
sentirnos aliviados y preparados, y nos acompañaría mucho en ese tránsito
al que todos nos vamos a enfrentar tarde o temprano.

The following two tabs change content below.

Victor Rodríguez

Latest posts by Victor Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario