La publicidad de las ideas

A la publicidad de las ideas se le llama propaganda, no intenta vendernos un producto, intenta vendernos eso, ideas. Contra lo que pueda parecer las ideas son muy rentables. Vender una idea puede ser muy difícil, ¿cómo convencer, por ejemplo, a una población mayoritariamente pacifista de que una guerra es buena? En América lo saben bien, y logran casi siempre su objetivo. Aquí ahora andan empeñados en hacernos creer que compartir es malo, que no podemos prestarles nuestras películas o nuestra música a nuestros amigos o a quien nos de la gana, que si escuchamos la genial composición de Miguel Ríos “la novena sinfonía de Beethoven” debemos pagarle por ello, a él y a una avispada compañía de discos. La propaganda justifica aquello que quiera vender a traves de todos los argumentos que se pueda -aunque sean falsos o armas inexistentes- y utiliza todos los cauces que estén a disposición del propagandista; agencias de información, productoras de televisión o cine, radios y periódicos. A veces estamos avisados y la recibimos con escepticismo, como ocurre con la propaganda electoral, ¿quien se cree una promesa electoral? ¿Quien creía que Zapatero retiraría las tropas de Irak o que Evo Morales nacionalizaría el petroleo de Bolivia. Pero casi siempre colamos y terminamos pidiendo, que sé yo, que encarcelen a los fumadores.

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Javier Rodríguez

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