La reja infranqueable S.A.

Dentro de nada las prisiones españolas tendrán un rótulo en su entrada en el que podrá leerse que ese centro está tutelado por una empresa que puede llamarse de una forma tan prosaica como la que hemos utilizado para titular este artículo u otras que nos resultarán más familiares como las que utilizan la empresa del presidente del Real Madrid o esos bancos que patrocinan eventos deportivos mientras nos llevan a la ruina.

De momento, la Secretaría de Instituciones Penitenciarias ya tienen subcontratados servicios como el “peculio”, que administra cual entidad bancaria los dineros de los reclusos, precisamente a través de un banco, o el economato en el que compran todo, del que se ocupa, en exclusiva, una importante empresa española del sector de la distribución.

Y, a partir de ahora, apuntándose a la fiebre de privatizaciones que afecta a colegios, cajas de ahorro, hospitales, carreteras o servicios sociales, también las prisiones han dado un paso que conduce a la privatización: colocarán personal privado en tareas de vigilancia -como auxiliares, dicen-. Y recuerden que la vigilancia y todo lo que, por ende, afecta a la seguridad, es lo más importante para los que gestionan nuestras cárceles. Muy por encima de todo lo que ellos llaman el “tratamiento”, ese trabajo con el que educadores, trabajadores sociales, psicólogos pretenden, al menos en teoría, cumplir el mandato constitucional de la reinserción.

Les recordamos los antecedentes de este último hecho. Todo empezó con el cese de la violencia de ETA. Una buena noticia que conduce a otra que suscita serias dudas en el equipo de La Otra Orilla. La buena noticia: que los escoltas de concejales y personalidades de diverso pelo del País Vasco se quedarían sin trabajo por el cese de la violencia por aquellas tierras. La mala es que los que fueron guardaespaldas se reciclarán como “auxiliares de vigilancia” en diversas prisiones.

¿Por qué para nosotros esta noticia es negativa? En primer lugar porque el dinero que iba destinado a seguridad, al dejar de ser necesario, bien podría haberse destinado a cualquiera de esos departamentos a los que Mariano y los suyos le han metido la tijera: ese que ustedes están pensando, por ejemplo.

En segundo lugar porque se pierde una nueva oportunidad para reformar nuestro anquilosado, caro inhumano e inútil sistema penitenciario, pero de verdad y no introduciendo una figura que va en la dirección contraria a la que se debe ir: la privatización. No queremos ni pensar lo difícil que será caminar en la dirección de reducir a la mínima expresión el sistema penitenciario -dejarlo exclusivamente para aquellas situaciones en las que hace falta la reclusión y buscar alternativas para el resto- si hay intereses económicos por medio.

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Javier Rodríguez

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