La salida

Ya era demasiado tiempo para él. La oscuridad del entorno pesaba como el sol que no veía.

No dejaba de preguntarse como estarían los suyos mientras duraba su encierro. El cuerpo llegaba a doler, incluso, al moverse por tan pequeño espacio. El ansía de la salida le hacía contar el tiempo de manera inútil, confundiendo el día y la noche.

Por momentos la espera se hacía eterna, los momentos de soledad y el desconocimiento de acontecimientos en el exterior se habían transformado en algo más que curiosidad.
Cierto era que tenía las necesidades básicas cubiertas con creces, y que el trato había sido excelente. Pero su sitio se encontraba fuera.

Le esperaba la familia, los amigos y compañeros, puede que hasta un trabajo. También el enfrentarse a los problemas diarios, económicos y sociales. Las desilusiones, la diversión, el desamor y desengaño. Le esperaba la lucha diaria, la convivencia, el ruido, el calor y el frío, los atardeceres, el olor a hierba, el humo, la indiferencia, el placer, el dolor, la enfermedad, el sueño, las conversaciones de sobremesa, la comida rápida, la puntualidad, la esperanza, los viajes, el dinero, el triunfo, el fracaso y el amor.

Le esperaba todo eso, le esperaba después de nueve meses aguardando: toda una vida.

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