La Tele-realidad que nos habita

Todo comenzó con Gran Hermano, ese fue el pistoletazo de salida de los reality show en nuestro país. Un grupo de personas, desconocidas entre ellas que pasan a ser observadas durante las 24 horas del día en su convivencia y rutina artificial. Y en medio de la novedad surgió el debate que andaba a caballo entre los aspectos más frívolos de mera observación y los que tenían que ver con la ética. ¿Es ético y prudente dedicar tiempo a ver como otros se afanan por vivir con naturalidad en un espacio artificial situaciones artificiales? Donde además termina confundiéndose y mezclándose el ámbito de lo privado y lo público y donde las miserias de algunos se terminan convirtiendo en modelos de conducta modelicos.
Pero lo cierto y verdad es que la primera edición fue todo un éxito, así que por supuesto había que repetirlo. A esta primera le vinieron una segunda y una tercera… y van ya 14 ediciones y por lo visto dicen, todas líderes de audiencia.

Tan bien aceptado fue este formato de observación de la privacidad que a partir de entonces la mayoría de las cadenas televisivas fueron adaptando su programación a este tipo de formato.

El resultado es el que podemos ver ahora, una programación cargada de realitys basados en la observación directa. Eso sí, con cierta evolución en las formas por eso de que hay que mantener motivada a la audiencia, y es por esto que poco a poco se ha pasado de encerrar a las personas en aquellos lugares donde estaban las cámaras, a llevarse las cámaras allí donde reside la privacidad de las personas. Es lo conocido como “tele-realidad”. Y una vez más con grandes resultados de audiencia. Pero para rizar aun más el rizo a esta tele-realidad últimamente le ha dado por incluir un tinte pedagógico-educativo que a mi personalmente me preocupa enormemente.

No son casos leves y sin importancia los que se nos presentan a través de la simulación de un juicio, de la búsqueda o intercambios de pareja o de la mediación en conflictos familiares con adolescentes con casos de droga y maltrato incluidos. En la mayoría de los casos estas situaciones están interpretadas, y aun pudiendo basarse en un caso real no deja de ser un amaneramiento de la realidad. No obstante hablamos ya de tal amaneramiento que observando mi entorno, ya me cuesta distinguir si lo que veo es lo que inspira a la ficción o es esta la que marca la tendencia de la realidad.

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Carmen Murillo

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