La urgente Cooperación Internacional

Que se dejen ya de excusas baratas. Hay cosas que no les interesan y no se hacen sencillamente por eso. Nada de problemas presupuestarios. Por ejemplo; en su reducida visión del mundo la cooperación internacional no encaja. Si acaso esa visión reducida y prepotente de la beneficencia: “ayudo a los negritos, a los chinitos…” echando la calderilla en la hucha que reparten en misa algunos domingos o la otra, interesada y mezquina de “la ayuda financiera” a cambio de compra de armas “made in Spain”.

Desde esa perspectiva es desde la que se entiende que la Cooperación Internacional sea considerada un lujo, porque la beneficencia es cosa de ricos y nosotros -ha quedado claro- ya no “estamos en la Premier League” de la economía mundial. Pero es que la Cooperación Internacional no es eso o, al menos, no debe ser eso, sino algo más relacionado con el concepto de solidaridad, de la consciencia de estar en el mismo barco, de que los problemas de cualquier ser humano son también mis problemas.

La cuestión no es que haya menos presupuesto, la cuestión es que baja el peso de la cooperación en el total del presupuesto mientras sube el peso de otras partidas como la de la policía o el ejército.

Y el problema es que no se materialice este concepto a través de aportes que están en nuestra mano y que no suponen un aumento de la aportación económica por este concepto: se puede, por ejemplo, fomentar la participación de nuestros bomberos en crisis y catástrofes, también la de otros profesionales de todo tipo que pueden compartir su saber hacer en los sitios en los que se les necesita, facilitar la labor de los cooperantes… Se podría, ahora que estamos afectados por ella, reconsiderar la deuda odiosa que otros países contrajeron con nuestro país. Se podrían fomentar otras reglas en el comercio, condenar sin paliativos la esclavitud, la explotación, el expolio de los recursos naturales y hacer una opción firme por el Comercio Justo. Se podría dar otra visión del Mundo en nuestras escuelas, en nuestras salas de cine y en nuestros televisores. Se podría ser más beligerante contra la guerra y sus causas. Se podría ser más abierto con las necesidades de los que buscan refugio de esas guerras, de las catástrofes humanitarias o de las hambrunas…

Se podrían hacer muchas cosas. También aumentar el presupuesto en cooperación, pero eso, nos ha quedado claro, es otra de las urgencias que debe esperar.

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Javier Rodríguez

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