La violencia, nunca

La violencia, nunca. Grabémonoslo a fuego en lo más profundo. Tatuémonoslo en los brazos que pueden verse un día tentados de creer que un puñetazo sirve para zanjar una discusión. La violencia sólo sirve para hacer daño. Por eso, la violencia, nunca.

Nos debemos convencer todos y así debemos transmitírselo a nuestros hijos: ese chiste que hacemos cuando nos cuentan una pelea en el colegio: “¿pero tú le diste más fuerte?” provocará muchas risas pero evita la verdadera enseñanza que debemos darle al niño: las peleas hay que evitarlas, no alimentarlas. No es ñoñería, pero evidentemente exige de nosotros un esfuerzo mayor en la educación de nuestros hijos porque requiere que les dotemos de instrumentos para que puedan resolver los conflictos sin recurrir a la violencia, jamás.

Se deberían convencer los personajes públicos, referencia tantas veces para los demás. Ellos suelen tener muchos más recursos que el común de los mortales, con lo que recurrir a la violencia en sus relaciones viene con agravante incluida. Pese a eso uno no puede negar que sucesos como los que hemos conocido estos días seguirán ocurriendo. Vale, pero que se entre en una oleada de justificaciones, que se criminalice a la víctima o se niegue la evidencia y -aquí tampoco- nadie pida perdón, nadie diga que dar una paliza a su pareja es algo que no debiera haberse hecho nunca… que no haya ese reconocimiento es de una extrema gravedad de cara al mensaje que se transmite.

La violencia, nunca. Ese objetivo debía estar en los programas y en los discursos de todos los partidos políticos. Nunca deberíamos escuchar, como recientemente escuchábamos de un diputado de UPyD, discursos frívolos sobre las denuncias de violencia de género. Nunca deberíamos escuchar, por parte de estos, discursos que justifican el uso de la violencia, en ningún caso. Nuestros gobernantes y los representantes del pueblo están para buscar soluciones, no para provocar problemas, están para plantearse qué está pasando, qué está generando que el número de víctimas por violencia de género vuelva a subir como lo hace el número de agresiones. Y para poner soluciones.

Exijámoslo, exijámonoslo: la violencia, nunca. Nuestra sociedad debe desterrar ya todos los tipos que conocemos de violencia pero hoy queremos recordar, especialmente, la dolorosa violencia que viene de aquellos que un día dijeron querernos: ¿pensarán que el amor vuelve así? Nunca

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Dimas Haba

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