Las dos ciudades

Así se titula una de las obras de San Agustín. La ciudad terrenal contrapuesta a la ciudad celestial.

Hoy ha sido la convivencia de la parroquia de la que forma parte mi familia. Como siempre, hemos llegado tarde. Sabíamos que comenzaba a las doce y media con una celebración y, después, comeríamos juntos los miembros de la Comunidad. Tras la comida, se reunirían las madres y los padres con niños pequeños y habría un cuentacuentos. Como llegábamos tarde, mi mujer se fue al salón parroquial a dejar la comida y el resto, mi hija y yo, nos fuimos al templo. Al entrar en el mismo, nos extrañó la ausencia de las caras familiares, las mismas que ves como catequistas, como voluntarios de Cáritas, en Vida Ascendente, en la HOAC,… Al momento vino mi mujer diciendo que la celebración era en el salón y no en el templo. Allí estaban las caras familiares.

Resultó que había dos celebraciones. En una el sacerdote llevaba puestos todos los paramentos, con los colores litúrgicos, mientras que en la otra el sacerdote solo llevaba una estola de vivos colores. En una se comulgó con pan, dispensado por el sacerdote, mientras que en la otra los laicos tomaban el pan y lo mojaban en el vino y comían y bebían el cuerpo y la sangre de Jesús. En una el sacerdote predica, mientras que en la otra escucha y aporta. En una estaban los receptores de un sacramento. En la otra las personas que forman la Comunidad parroquial, las que mantienen viva la parroquia con su fe, su trabajo y su militancia cristiana . Una celebración era ortodoxa. La otra era ortopráctica.

Dos ciudades. Una terrenal y otra celestial.

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